El Orquideorama del Jardín Botánico de Medellín fue el escenario donde el Alternativa Film Festival cerró su edición 2026, consolidándose como un importante evento cultural. Tras nueve días de proyecciones, debates y una asistencia récord que superó las 10 mil personas, el festival no solo celebró el cine independiente, sino que presentó un discurso poderoso sobre la transformación social y la biodiversidad en un entorno urbano.
Este festival, impulsado por inDrive, ha demostrado ser mucho más que una mera plataforma de exhibición cinematográfica. La entrega de 120 mil dólares en premios y el anuncio de que la próxima sede estará en África subraya su compromiso por visibilizar historias que a menudo el circuito comercial de Hollywood y Europa ignora.
El jurado, liderado por la reconocida actriz Natalia Reyes, otorgó el Focus Award, valorado en 20 mil dólares, a la película peruana Runa Simi, dirigida por Augusto Zegarra. Esta obra destaca la preservación de la lengua y la identidad quechua, logrando dejar una “huella duradera” con su narrativa sobre la resistencia cultural. México y Haití también fueron reconocidos en la categoría de cortometrajes con Casa Chica y Blue Heart, respectivamente, descritos como “milagros narrativos” por su profundidad emocional.
En una conferencia de prensa, Arsen Tomsky, fundador y CEO de inDrive, abordó la percepción de que iniciativas culturales puedan ser vistas únicamente como estrategias de marketing. Tomsky enfatizó que el éxito de inDrive, que se convirtió en la segunda app de movilidad más descargada a nivel global en 2025, se sostiene en un enfoque basado en valores: “Combatir la injusticia”. Su historia comienza en Yakutsk, Siberia, un lugar donde estudiantes desafiaron un cartel de taxis en condiciones extremas, y esta esencia de “juego limpio” es lo que trasladan al cine.
Liza Surkova, directora del festival, complementó la visión de Tomsky al expresar el objetivo de medir un intangible: el cambio de mentalidad. Mencionó un experimento social en Biskek, Kirguistán, donde una proyección sobre violencia doméstica evidenció un cambio significativo en la percepción de los asistentes. Un 17% afirmó que denunciaría un acto de violencia tras ver la película, mientras que un 11% dejó de considerar esta violencia como una “tradición nacional”.
El festival también buscó conectar diferentes terrenos dentro de la industria cinematográfica. Surkova compartió historias de éxito de ediciones previas, donde los premios en metálico transformaron la vida de cineastas. Un ejemplo es el director nepalí que utilizó su premio para llevar su película a comunidades rurales sin acceso a cines.
El cierre del festival en Medellín representa tanto un final como un nuevo comienzo, ya que el evento se dirige hacia África, donde aún están por confirmar el destino. Para mantener el impacto en Colombia, se lanzó el ciclo “Alternativa Film Festival: Bogotá Edition”, que del 1 al 10 de mayo mostrará una selección de películas destacadas de la edición de Medellín.
Este festival ha dejado una lección clara: en un mundo cada vez más interconectado, las historias de un pueblo en Perú pueden resonar en las llanuras africanas, demostrando que el arte tiene el poder de unir y transformar.
Gracias por leer Columna Digital, puedes seguirnos en Facebook, Twitter, Instagram o visitar nuestra página oficial. No olvides comentar sobre este articulo directamente en la parte inferior de esta página, tu comentario es muy importante para nuestra área de redacción y nuestros lectores.


