Al menos ocho ciudades de Honduras y Guatemala han implementado en la última semana la prohibición de encuentros de los llamados “therians”, un fenómeno viral en redes sociales que ha ganado tracción, especialmente entre los adolescentes. Esta tendencia involucra a jóvenes que se identifican con animales, principalmente perros, zorros y gatos, y que incluso asumen comportamientos similares.
La medida surge como respuesta a convocatorias en redes sociales para reunir a personas disfrazadas o enmascaradas con trajes de animales en espacios públicos, lo que ha llevado a las autoridades locales a expresar preocupaciones sobre el “orden público”. El alcalde de Choluteca, Eber Aplicano, dejó claro en un comunicado publicado en la red social X que “queda terminantemente prohibido” el uso de estos espacios para actividades que alteren la moral y las buenas costumbres.
De manera similar, el juez de justicia de Olanchito, José López, enfatizó que los espacios públicos deben estar destinados a “actividades familiares, religiosas, culturales, sociales y cívicas”, reflejando un enfoque en valores establecidos en las comunidades. Las ciudades de Honduras que se han sumado a esta prohibición incluyen la colonial y turística Comayagua, La Ceiba y Tocoa, donde se busca evitar la alteración de la convivencia pacífica.
En Guatemala, los municipios afectados son San José Pinula y Amatitlán, en los alrededores de la capital, así como Huehuetenango, la capital provincial del departamento homónimo. Las autoridades de Amatitlán reafirmaron su compromiso de respetar “nuestros valores y tradiciones”, subrayando su responsabilidad de proteger los espacios que pertenecen a todos.
La municipalidad de Pinula se ha manifestado en términos similares, comunicando que no se permitirá que grupos identificados como therians utilicen espacios públicos, destacando su misión de velar por el orden y la convivencia armoniosa en la comunidad.
Este fenómeno ha generado un debate sobre la libertad de expresión y las límites de las manifestaciones culturales en la región, evidenciando la necesidad de un equilibrio entre la diversidad de identidades y el mantenimiento del orden público. Las balanzas de la tradición y la modernidad siguen en movimiento, mientras las comunidades navegan por estas nuevas dinámicas y desafiantes interacciones sociales.
La situación podría evolucionar a medida que se continúen observando las reacciones de estas propuestas y la respuesta de los ciudadanos, un aspecto crítico en la interacción de las normativas municipales y las nuevas tendencias culturales.
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