Cuatro jóvenes mujeres se sientan juntas, esperando ansiosamente el timbre del teléfono. Cuando finalmente suena, la voz de su amiga se escucha entrecortada, pero su paciencia las lleva a esperar una mejor conexión para comenzar a discutir su libro de esta semana. Cada jueves, estas cinco amigas se reúnen, alejadas de la mirada desaprobadora del régimen talibán, para compartir una experiencia vital: un círculo de lectura. No se trata simplemente de entretenimiento; buscan comprender la vida y el mundo que las rodea, y se hacen llamar “mujeres con libros e imaginación”.
La situación de Parwana, de 21 años, es particular. Vive en un distrito diferente y se conecta por teléfono. Fue aún una niña cuando las autoridades prohibieron la educación de niñas, y aunque no pudo terminar la escuela, ahora sus semanas giran en torno a los libros. “Cuando nos prohibieron ir a la escuela, perdí toda esperanza”, confiesa. Sin embargo, su determinación la llevó a crear este espacio de lectura: “Y ahora tengo este círculo”, agrega.
Esta semana, Parwana lidera la discusión sobre The Year of Turmoil, una novela del escritor iraní Abbas Maroufi que narra la vida de Noushafarin, una mujer atrapada en un matrimonio opresivo. La historia, ambientada en la agitación de Irán en la mitad del siglo XX, trata temas de represión y poder patriarcal que resuenan profundamente en estas mujeres. A medida que steam se eleva de sus tazas de té verde, Parwana comparte su dolorosa identificación con la protagonista: “Ella representa a las mujeres que han sufrido, que están atrapadas y son oprimidas en el Afganistán actual”.
Desde junio, las mujeres han explorado numerosas obras, principalmente clásicos que abordan el poder y el sufrimiento, y han aceptado cierta variedad en sus lecturas. Nombres como George Orwell y Ernest Hemingway figuran entre sus discusiones literarias, y a menudo encuentran libros en línea o en bibliotecas.
La reunión se lleva a cabo semanalmente por un hora y media en la casa de una de las participantes, eligiendo diferentes espacios para evitar ser objeto de vigilancia en un país donde las libertades femeninas han sido drásticamente restringidas. Para que Parwana pueda descargar sus lecturas, a veces debe escalar una colina en busca de una mejor conexión a internet. A pesar de los desafíos, su entusiasmo es palpable: “La emoción que siento por estas sesiones es indescriptible”.
Las aspiraciones educativas de estas mujeres chocaron con la dura realidad del régimen talibán, que ha privado a más de dos millones de mujeres y niñas de sus derechos a la educación en los últimos cuatro años. Darya, la coordinadora del grupo, le confiesa a Parwana que la lectura ha sido parte integral de su vida. A pesar de que las universidades fueron cerradas mientras ella cursaba su licenciatura, sigue encontrando consuelo en la literatura: “Cuando leo, siento que estoy en otro mundo”.
Roya, otra miembro del grupo, reflexiona sobre el impacto de su círculo de lectura. “La mayoría de las mujeres que aceptan la opresión lo hacen porque desconocen sus derechos”, explica. Los libros que leen reflejan su realidad diaria de sufrimiento y resistencia.
La liken de la voz de Morwarid, de 22 años, quien señala que muchas mujeres afganas se parecen a Noushafarin, atrapadas entre la tradición y la opresión. Aun con el dolor de sus sueños truncos, reconoce que el deseo de elegir es una forma de resistencia ante un sistema que busca silenciarlas. “Los jueves son los días más importantes de mi semana”, dice con firmeza.
El mensaje es claro: la lectura se convierte en un acto de resistencia. En ese pequeño cuarto, rodeadas de libros, estas jóvenes encuentran no solo consuelo, sino también una forma de desafiar a un sistema opresor. Ellas representan, no solo a las mujeres de Afganistán, sino a todas aquellas que luchan por su derecho a la educación y la libertad. Con cada página leída, alimentan la esperanza de un futuro diferente; un futuro donde la conciencia se convierta en el primer paso hacia la liberación.
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