La Comisión Federal de Competencia Económica (Cofece) y el Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFT) están ante un futuro incierto, ya que se prevé su eliminación en un contexto donde ambas entidades han sido acusadas de contribuir al modelo neoliberal. Sin una fecha concreta para su extinción, parecen estar acercándose al final de su trayectoria institucional. Este cambio se inscribe dentro de un discurso más amplio de “transformación,” que en realidad puede ser una regresión hacia un modelo más centralizado y estatista.
A pesar de la incertidumbre sobre cómo se reestructurarán estas instituciones, se considera que su destino está estrechamente ligado. Históricamente, la competencia económica ha mantenido separadas a Cofece e IFT, cada una con funciones especializadas: el IFT se ha centrado en el ámbito de las telecomunicaciones, mientras que Cofece supervisa la competencia en general. Vamos a analizar las implicaciones de este proceso de transformación.
Durante este tiempo, se ha observado que ambos organismos han mostrado un compromiso con la institucionalidad, incluso ante la adversidad derivada de presupuestos extremadamente reducidos. Cofece ha recibido menos de una tercera parte de lo que solicitó, mientras que el IFT se encuentra en una situación similar, con un recorte del 70% en su solicitud original. A pesar de esta asfixia financiera, se han logrado avances significativos en el 2024.
Cofece ha intervenido en sectores cruciales, generando un impacto que se estima abarca el 40% de la economía del país, según el Banco Mundial. A través de más de 150 operaciones de fusiones y 25 investigaciones sobre prácticas anticompetitivas, ha demostrado su capacidad para influir en el bienestar de los consumidores, reportando beneficios por 30,697 millones de pesos en 2023. En el ámbito de la salud, ha impedido sobreprecios que habrían afectado tanto al erario público como a los consumidores.
El IFT, por su parte, ha resuelto 823 asuntos relevantes en 2024, un aumento del 50% con respecto al año anterior. A través de su labor, ha logrado reducir la participación de mercado de grandes empresas, contribuyendo a un entorno de mayor competencia en telecomunicaciones. Además, ha recaudado aproximadamente 901 millones de dólares por su supervisión en este sector.
Sin embargo, la posible extinción de Cofece e IFT abre la puerta a preocupaciones sustanciales sobre el futuro de la regulación en México. La desaparición de la autonomía de estos órganos podría traer consigo un retorno a la discrecionalidad regulatoria y un fortalecimiento de los monopolios y oligopolios en los mercados.
Como se puede apreciar, la situación es compleja y evolutiva, con ramificaciones que podrían afectar la estructura competitiva del país. A medida que se contemplan estos cambios, surge la pregunta: ¿qué queda de la promesa de un sistema económico justo y competitivo? Con los días contados para estos órganos autónomos, el país observa con atención.
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