Josefa González-Blanco había planeado una fiesta de despedida para el 23 de enero de 2026, ante su inminente salida como embajadora de México en el Reino Unido. En su lugar, la noticia de que Alejandro Gertz Manero, exfiscal general, asumiría su rol, fue solo el telón de fondo de un escándalo que se desataba en la embajada. Desde su llegada en 2021, González-Blanco había sido una figura polarizadora, responsable de eventos grandiosos, pero también envuelta en controversias y denuncias.
La embajada mexicana, ubicada en un histórico edificio en Saint George Street cerca del Soho de Londres, ha sido un punto de contacto esencial para más de 16,000 mexicanos que residen en el Reino Unido. Sin embargo, en los últimos años, ha enfrentado un éxodo significativo de personal. Al menos 40 empleados dejaron sus puestos, provocando la descomposición de la estructura laboral y reputacional de la representación diplomática. Informes de acoso laboral y mala gestión generaron un ambiente tóxico, donde las relaciones entre colegas se deterioraron.
Desde su llegada, González-Blanco transformó la embajada, empleando cambios drásticos en la asignación de funciones de los empleados, lo que incrementó la inestabilidad laboral. Su estilo de liderazgo fue señalado por muchos como opresivo; la rotación constante de personal buscaba castigar, en lugar de motivar. La Secretaría de Relaciones Exteriores de México, desde entonces, ha sido criticada por ignorar las quejas que se acumularon durante su mandato.
La situación dentro de la embajada se complicó aún más con la llegada de nuevos empleados, quienes, según los testimonios, se encontraron rápidamente en un entorno hostil y poco profesional. La falta de claridad en el manejo de recursos y la cultura del miedo y la represión entre el personal fueron documentadas en una auditoría que reveló deficiencias severas en la administración.
Con el tiempo, la presión sobre González-Blanco se tornó insostenible. Las irregularidades administrativas culminaron en un informe que atestiguó el descontrol financiero en la embajada. Las inquietudes manifestadas por los empleados sobre la falta de apoyo y la hostilidad fueron en vano, pues la respuesta de la alta dirección fue, en gran medida, el silencio.
A medida que se acercaba la fecha de su despedida, las denuncias continuaron proliferando, cubriendo su tiempo en el cargo de acusaciones de “maltrato sistemático” y la “destrucción de relaciones bilaterales”. El ambiente se tornó tan complicado que, en un giro sorprendente, la planeada celebración se canceló en un esfuerzo por captar la atención del nuevo embajador, Gertz Manero, quien ya había lidiado con el caos generado por su predecesora.
Este proceso se encuentra en un punto crítico a medida que se dan los últimos toques a la transición de liderazgo. González-Blanco sigue en el centro de un torbellino en la embajada, a punto de ser sustituida, pero aún queriendo dejar su marca—aunque su papel está destinado a ser revisado. La embajada, una de las más antiguas y respetadas, se encuentra en un momento de espera y confusión, donde las lecciones sobre la gestión y la diplomacia aún están por escribirse. La próxima llegada de nuevos funcionarios prometía abrir un nuevo capítulo, pero las cicatrices del pasado son profundas y difíciles de borrar.
Actualización: Datos corresponden a 2026-02-01.
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