El pasado miércoles, 26 de agosto de 2026, Nepal y el Tíbet chino se vieron sacudidos por una descomunal tragedia: el colapso de un glaciar en el Himalaya causó al menos 584 muertes y más de 2,400 personas están desaparecidas. La catástrofe, que ha sido catalogada como la más mortífera para Nepal desde el devastador terremoto de 2015, dejó a más de 90,000 personas afectadas, de acuerdo con estimaciones de la Cruz Roja.
El Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) confirmó que el desastre fue desencadenado por el derrumbe de un glaciar, que originó un torrente de rocas, hielo y barro arrasando aldeas enteras a lo largo de los ríos montañosos. La rápida y devastadora oleada, comparable a un tsunami, se extendió por varios distritos, ocasionando estragos en comunidades locales.
Nepal ha reportado 579 muertos, mientras que las autoridades de China han contabilizado cinco fallecimientos en su lado de la frontera tibetana, sumando así un total de 584 víctimas fatales. Sin embargo, existe preocupación acerca de la falta de coordinación en la verificación de estas cifras entre ambos países. Las labores de rescate, llevadas a cabo por la Autoridad Nacional para la Reducción y Gestión del Riesgo de Desastres (NDRRMA), han permitido recuperar a 4,451 personas, incluyendo a 129 extranjeros.
Los distritos más afectados en Nepal fueron Chitwan, donde se reportaron 233 muertes, y Nawalpur, con 154. Otros distritos como Gorja, Dhading y Nuwakot también han sufrido pérdidas significativas. La cifra de desaparecidos en Nepal se ha casi duplicado, alcanzando un alarmante total de 1,924, que incluye a 517 extranjeros. Este aumento se debe en gran medida a la inclusión de trabajadores de centrales hidroeléctricas y turistas en la lista de desaparecidos.
En el Tíbet, el condado de Gyirong enfrenta su propia tragedia, con al menos 558 personas desaparecidas, entre ellas 260 ciudadanos extranjeros. La respuesta de emergencia ha involucrado a unos 15,000 miembros de las fuerzas de seguridad, apoyados por una flota de helicópteros militares y privados. Las operaciones de rescate, sin embargo, se vieron interrumpidas brevemente debido al desbordamiento de un lago de barrera formado por el lodo y las rocas en zonas montañosas.
Las autoridades han emitido advertencias constantes sobre el peligro que aún persiste debido a estos lagos. Múltiples lagos glaciares en la región son ahora considerados una amenaza potencial, inquietante recordatorio de la vulnerabilidad de esta zona ante la creciente incertidumbre climática.
El presidente chino, Xi Jinping, ha instado a aumentar la vigilancia de los lagos glaciales y a colaborar internacionalmente en la gestión de desastres. En este contexto, el primer ministro chino, Li Qiang, ha hecho un viaje al área de Gyirong, mostrando la seriedad con que Pekín está tratando esta emergencia.
Las imágenes de la devastación son impactantes. En Katmandú, los familiares de los desaparecidos esperan angustiados noticias de sus seres queridos, mientras las calles se llenan de carteles que exhiben fotos y nombres de quienes buscan. Una joven, en particular, ha estado esperando noticias de su hermano desde que ocurrió la catástrofe. “Lo perdimos todo. Él es todo para nosotros”, lamenta.
Las consecuencias de esta tragedia son vastas y complejas. La comunidad internacional observa con preocupación cómo esta región, ya de por sí vulnerable, lidia con los efectos devastadores del cambio climático y sus desastrosas repercusiones. Las labores de rescate continúan, pero el camino hacia la recuperación se vislumbra largo y difícil.
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