En la búsqueda incesante por revolucionar la moda, Kiko Kostadinov ha planteado una pregunta fundamental: “¿Cómo podemos seguir avanzando?”. Este cuestionamiento emerge del rechazo a elementos narrativos superfluos y a la voluntad de descomponer las prendas en formas geométricas puras. Inspirándose en Agostino Bonalumi, un artista italiano famoso por sus lienzos híbridos que evocan estructuras ocultas, Kostadinov adoptó un enfoque que se asemeja a una “presión desde dentro” en lugar de una manifestación externa. Así, la arquitectura de su colección se fundamentó en la construcción, priorizando la forma sobre la decoración.
Esta innovadora propuesta contemplaba la eliminación de estampados, costuras visibles y cierres a la vista. “Todo está oculto”, señaló, enfatizando que la atención del espectador se centraba en las líneas y proporciones del cuerpo. La búsqueda de Kostadinov por nuevas plantillas para la vestimenta se tradujo en un proceso en el que se despojaba de lo convencional para reconstruir desde cero, utilizando la sastrería como su herramienta principal.
Una de sus innovaciones fue la inserción de un panel de tela con cuello redondo entre la tapeta y los ojetes, modificando drásticamente la simetría humana típica de las camisas convencionales. Las túnicas envolventes se abrochaban en el costado del collar y caían con gracia alrededor del cuerpo. Las camisetas presentaban capas que se cortaban o se anudaban de manera que liberaban la silueta. Las largas blusas, los tabardos y los vestidos de camiseta se pensaron como planos mínimos, donde el plegado, el corte y el abotonado definían su forma.
Kostadinov utilizó un color que evocaba el término “verde médico” para describir una blusa larga con mangas cortas ribeteadas y perforadas, un tono que se reflejaba en la alfombra del espacio de la pasarela y en los pies pintados de tres modelos, integrando así a los modelos en un entorno cohesivo.
Los pantalones presentaban bajos radiales que se abrían alrededor del pie, llevando hacia abajo la prenda con la misma energía que impulsaba las obras de Bonalumi hacia el exterior. Algunos presentaban cierres asimétricos y paneles en forma de rombo, evocando tanto elementos clásicos como quirúrgicos, y desafiando la percepción convencional de la sensualidad en la moda.
El rombo se repetía a lo largo de la colección, desde los cuellos de abrigo de lana hasta las solapas de las chaquetas y los detalles en calzado de perfil bajo. También se manifestaba en elementos decorativos como broches y hebillas, incluyendo la reciente colaboración con Crocs que respondedía a la preferencia de Kostadinov por un calzado funcional y anti-elegante.
La austeridad y la rigidez de la colección y el espectáculo representaron un acto de audacia. Kostadinov aspira a establecer un nuevo registro en la vestimenta que no depende de códigos familiares. “Para lograr algo en la moda, necesitas proponer una silueta”, enfatizó, subrayando que de lo contrario solo se están creando prendas agradables.
La información aquí presentada corresponde a la publicación original de 2026, y aunque refleja su esencia, cabe destacar que el contexto de la moda evoluciona constantemente y es recomendable consultar fuentes actualizadas para conocer los últimos desarrollos en este dinámico ámbito.
Gracias por leer Columna Digital, puedes seguirnos en Facebook, Twitter, Instagram o visitar nuestra página oficial. No olvides comentar sobre este articulo directamente en la parte inferior de esta página, tu comentario es muy importante para nuestra área de redacción y nuestros lectores.

