Las tormentas y condiciones meteorológicas representan un desafío significativo para el fútbol, especialmente en el contexto del inminente Mundial de 2026. Recientemente, durante los entrenamientos previos, el equipo de Inglaterra enfrentó situaciones inusuales, como un terremoto de magnitud 6.1 que sacudió las costas de Cuba, cuyo impacto se sintió también en Florida. Esta inestabilidad se sumó a las preocupaciones sobre el clima cuando, poco después, la selección tuvo que retrasar su último partido de preparación contra Costa Rica en 30 minutos debido a una fuerte tormenta eléctrica, que dejó el campo inundado e inutilizable.
Estos fenómenos climáticos no solo alteran la agenda de los equipos, sino que también despiertan la inquietud sobre la jugabilidad del torneo en su totalidad. La FIFA, consciente de estos riesgos, ha decidido implementar el mismo protocolo que se utilizó durante el Mundial de Clubes de 2025. Según este procedimiento, si se detecta actividad eléctrica dentro de un radio de 13 kilómetros (o 8 millas), se ordena a los espectadores que se refugien en el estadio y se retiran a los jugadores a los vestuarios. Desde ese momento, se activa una cuenta regresiva de 30 minutos; si no se produce ninguna nueva descarga eléctrica en ese tiempo, se reanuda el partido.
A medida que se acerque el Mundial, la inquietud por las tormentas es palpable, ya que se espera que el clima adverso afecte gran parte de Norteamérica durante ese período. En el pasado, varios partidos de la Copa del Mundo de Clubes sufrieron retrasos significativos por tormentas, como el enfrentamiento entre el Benfica y el Auckland City, que se detuvo por más de dos horas y media, o el partido entre Pachuca y Salzburgo, que se suspendió durante una hora y 40 minutos. Tal situación se ha vuelto parte de la realidad en eventos deportivos, donde la seguridad de los aficionados y jugadores es primordial.
Un ejemplo notable fue el clásico de pretemporada entre el Real Madrid y Barcelona, celebrado en el MetLife Stadium de Nueva Jersey, que tuvo que ser interrumpido durante más de una hora debido a una tormenta eléctrica que obligó a desalojar a más de 82,000 espectadores de sus asientos.
En este contexto, la FIFA ha establecido un protocolo claro para el Mundial 2026 en caso de tormentas eléctricas. Los procedimientos incluyen la suspensión inmediata del encuentro ante la detección de actividad eléctrica, una pausa mínima de 30 minutos desde la última descarga, y la reanudación solo si no ha ocurrido ninguna nueva actividad eléctrica dentro del radio mencionado. También se contempla la evacuación de los aficionados si las condiciones climáticas lo requieren, garantizando así la seguridad de todos los asistentes.
Cabe destacar que la temporada de tormentas en la zona del Atlántico y el Caribe va del 1 de junio al 30 de noviembre. Durante este periodo, se anticipan tempestades que pueden alternarse con climas cálidos y húmedos, situación que ha llevado a la FIFA a implementar pausas de hidratación durante los partidos, lo que añade otra capa de complejidad a la planificación y desarrollo del Mundial.
De cara a 2026, el clima es un factor decisivo que podría alterar el curso de la Copa del Mundo. El torneo se verá condicionado no solo por las habilidades de los jugadores y equipos, sino también por la caprichosa naturaleza del tiempo, convirtiendo cada partido en un evento lleno de incertidumbres, donde la seguridad y la adaptabilidad serán esenciales.
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