En una calurosa tarde de agosto en el Lower East Side de Nueva York, el artista Asad Raza guió a un periodista a través de su peculiar exposición de arte público. Aunque a primera vista podría parecer que esta obra no está destinada al público general, su mensaje es insoslayable.
Raza, conocido por integrar elementos vivos en su trabajo, ha creado experiencias artísticas únicas que van desde la exhibición de árboles en museos hasta la transformación de desechos en suelos fértiles. Su último proyecto se centra en un inusual protagonista: Rattus norvegicus, el roedor que comparte la ciudad con los neoyorquinos y que vive en abundancia en la oscuridad de sus calles.
Una semana antes de la visita, Raza y su equipo recorrieron la ciudad colocando pequeñas esculturas en parques y en lugares no tan llamativos, pero frecuentados por estos roedores, como sitios de construcción y áreas de recolección de basura. Estas esculturas, concebidas junto al etólogo Michael Parsons, buscan entender y dialogar con la vida urbana de los ratas. La muestra, que se inaugura el 19 de septiembre en el espacio artístico Times, explora el fenómeno del thigmotaxis, o la tendencia de los ratas a seguir las paredes para minimizar su exposición a los depredadores.
Raza explica que su visión inicial de las esculturas era más arquitectónica, pero gracias al consejo de Parsons, entendió que debían reflejar un entorno caótico, similar a los fragmentos dispersos de escombros. Esta nueva dirección resultó en piezas que, aunque rudimentarias, han sido diseñadas con la colaboración de arquitectos del MIT, incorporando características que los ratas aprecian, como indentaciones para acumular agua.
La interacción de los ratas con las esculturas ha emocionado al equipo. Raza y su grupo, que incluye a los artistas Devyn Galindo, Kunning Huang y Jared Packard, instalaron cámaras para captar las reacciones nocturnas de sus visitantes peludos. Aunque al principio tenían dudas sobre el interés de los ratas, pronto se dieron cuenta de su curiosidad al observar los vídeos de su interacción con las esculturas.
Parsons también advirtió que los ratas dependen más del olfato y el tacto que de la vista, lo que llevó a Raza a incorporar texturas y materiales que absorben olores en sus esculturas. La intención era diseñar un entorno en el que los ratas se sintieran cómodos, generando un espacio en el que pudieran experimentar el arte de una manera única.
Raza ha trabajado en proyectos que buscan reconectar a las personas con su entorno natural. En ocasiones anteriores, ha redirigido ríos a través de espacios expositivos para que los visitantes puedan interactuar con el agua. Esto se alinea con su enfoque contemporáneo sobre la creación artística, que trasciende el entorno de la galería tradicional.
Mientras Raza reflexiona sobre el significado de su obra, también toca la realidad urbana del encuentro entre humanos y ratas. A pesar de ser considerados plagas, estos animales son parte integral del ecosistema de la ciudad. A través de su trabajo, Raza espera fomentar una nueva comprensión de los ratas, viéndolos como compañeros en este espacio compartido.
Se estima que hay alrededor de tres millones de ratas en Nueva York, una cifra que con frecuencia se subestima. Sin embargo, la administración municipal ha tomado medidas enérgicas para reducir su población, promoviendo que los desechos sean asegurados y recolectados de manera más eficiente. Esta estrategia ha resultado en una disminución constante de avistamientos de ratas en un año.
En la búsqueda de Raza por la ambigüedad de su obra, se pueden observar guiños filosóficos a la estética y la experiencia del arte. Él se pregunta cómo crear algo que, aunque destinado a los ratas, mantenga un aire de enigma y misterio. Esta exploración forma parte de una reflexión más amplia sobre la vida urbana, donde cada ser, humano o no, tiene un papel en la narrativa de la ciudad.
En última instancia, Raza espera que al conocer un poco más a estos habitantes más vilipendiados de la ciudad, se genere una mayor empatía hacia ellos y, por ende, un renovado amor por Nueva York, una ciudad que siempre ha fascinado pero a menudo también repulsa. La exposición “Thigmotaxis (the rat show)” estará abierta del 19 de septiembre al 12 de diciembre de 2026, ofreciendo nueva luz sobre el infravalorado mundo de los ratas y su relación intrínseca con la vida urbana.
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