Las operaciones de los carteles brasileños Primeiro Comando Capital (PCC) y Comando Vermelho en América Latina están reconfigurando el mapa del narcotráfico en la región. Recientemente, la Policía de Buenos Aires, junto con fuerzas de seguridad de Córdoba y de Río Grande del Sur, llevó a cabo un operativo que resultó en la detención de Fabio Rosa Carvalho, conocido como “Noia”, señalado como uno de los líderes del grupo criminal brasileño Os Manos. Este grupo, aliado del PCC, es responsable de una serie de crímenes violentos en Brasil, incluyendo al menos 150 asesinatos en 2009 y cuenta con alrededor de 10.000 miembros, según las autoridades brasileñas.
Rosa Carvalho se encontraba en Buenos Aires bajo una identidad falsa y tenía una larga trayectoria delictiva, con condenas por narcotráfico y un pedido de captura internacional de Interpol desde 2023. Su captura plantea preguntas sobre la expansión del poder del narcotráfico brasileño en el sur de América, mientras que los grupos mexicanos parecen concentrar sus actividades en el norte y el Caribe. Esto abre el debate acerca de si estamos ante una distribución territorial entre estas organizaciones o si, por el contrario, se trata de una competencia por el control de rutas y mercados.
Mario Pazmiño, director para América Latina del Security College US, añade que tanto el PCC como el Comando Vermelho tienen conexiones con otras organizaciones delictivas y que sus operaciones impactan no solo en América Latina, sino también en Centroamérica, Estados Unidos y Europa. Detalla que el PCC, conocido por su violencia, colabora con varios grupos criminales, entre los que se incluye el Clan Rotela en Paraguay y redes italianas como la ‘Ndrangheta. Estas alianzas no solo se limitan al tráfico de drogas, sino que también abarcan armas, municiones y tráfico de personas.
Pazmiño destaca que Argentina se ha convertido en un nuevo centro de acopio de drogas, especialmente en ciudades como Rosario y Buenos Aires, y que Santiago de Chile también está emergiendo como un punto clave en este contexto. Mientras tanto, el Comando Vermelho está concentrando esfuerzos en la triple frontera que conecta Brasil, Colombia y Perú, buscando establecer vínculos con las regiones cocaleras de Colombia para asegurar el suministro de cocaína.
Los intereses del Comando Vermelho incluyen la posibilidad de negociar la producción en áreas estratégicas de Colombia, donde necesitan establecer alianzas, incluso con cárteles mexicanos como el de Sinaloa y el Jalisco Nueva Generación. Pazmiño observa que, si bien existe una aparente división del territorio entre estos grupos, también hay un potencial para que surjan disputas, especialmente en regiones en disputa como Nariño y Putumayo.
El periodista y autor José Reveles añade una dimensión interesante al debate, al sostener que las relaciones entre los cárteles mexicanos y las bandas brasileñas están estructuradas de tal manera que cada uno opera dentro de su propio ámbito de influencia. Reveles señala que no hay una competencia directa en la que los carteles deban repartirse el territorio, pues cada uno dirige el tráfico de drogas hacia diversas regiones, incluyendo Estados Unidos, Europa, y más allá.
Desde la perspectiva de Reveles, la dinámica entre los cárteles no se limita a la competencia territorial, ya que los mexicanos están en conflicto con varios grupos en Colombia mientras intentan expandir su control sobre las rutas de producción y tráfico. Al mismo tiempo, se observa que la violencia, que históricamente ha acompañado el narcotráfico, no es exclusiva de América Latina; su alcance se extiende a otros continentes, influenciando mercados globales y contribuyendo al sufrimiento de las comunidades locales.
Este panorama complejo revela cómo el narcotráfico se ha convertido en un fenómeno transnacional que supera las fronteras geográficas, generando no solo riqueza y poder, sino también un aumento en la violencia y el desplazamiento de personas en todo el mundo. La situación, como se ha delineado, comenzó a tomar forma antes de 2025, pero sigue evolucionando constantemente, lo que demanda atención y análisis continuos para entender sus repercusiones tanto en la región como a nivel global.
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