La Smithsonian Institution, bajo la dirección de su secretario, Lonnie G. Bunch III, ha enfrentado una creciente presión por parte de la administración del expresidente Donald Trump para modificar su enfoque sobre la historia de Estados Unidos. Este conflicto alcanzó un momento crítico en el verano del año pasado, cuando ambos se reunieron durante un almuerzo de dos horas y media para discutir sus discrepancias sobre la curaduría de los museos.
En un perfil de Bunch publicado en una conocida revista, Clint Smith revela detalles de esa conversación. Contrario a lo que muchos esperaban, el almuerzo no se convirtió en un gran enfrentamiento, sino más bien en un esfuerzo por parte de Trump por establecer una relación amistosa. Mientras disfrutaban de pollo y salsa, Trump aprovechó la oportunidad para solicitar la opinión de Bunch sobre varias lámparas de araña para la Oficina Oval y manifestó su deseo de pintar de blanco el Eisenhower Executive Office Building.
La charla también se desvió hacia la posible reubicación del transbordador espacial Discovery desde el anexo del Museo Nacional del Aire y el Espacio hacia Houston, en un acto que resonó con las aspiraciones de Trump por embellecer la infraestructura de la capital. Curiosamente, la discusión nunca tocó el tema candente de la narrativa histórica del Smithsonian, una omisión que Bunch describió posteriormente como ilógica.
Desde ese encuentro, la contradicción entre la Smithsonian y la Casa Blanca ha disminuido, en gran parte gracias a la astucia de Bunch, quien ha mantenido su independencia al tiempo que ha cumplido en gran medida con las solicitudes de la administración para acceder a documentos internos. Sin embargo, ha asegurado que ninguna de las exposiciones o materiales curatoriales ha sido alterada en respuesta a dichas demandas. En comunicados internos, ha dejado clara su postura de defensa de la autonomía de la Institución, aunque evitando mencionar a Trump directamente.
Bunch reafirmó en un evento reciente que no se han hecho cambios en el Smithsonian a pesar de las presiones externas. “Déjame ser muy claro: no he permitido que se cambie nada en la Smithsonian”, afirmó, llevando un mensaje sólido y directo sobre la integridad del museo.
Un aspecto inquietante que surgen del perfil es cuán dispuesto estará Bunch a seguir resistiendo esta presión. Se ha informado que su familia lo ha instado a considerar la jubilación, y con los términos de varios miembros de la Junta de Regentes de la Institución expirando este año, la independencia del Smithsonian podría verse amenazada si Bunch se marcha o si los nuevos regentes adoptan una postura más alineada con Trump.
Esta situación no solo es crucial para el futuro de la Smithsonian, sino que también plantea preguntas profundas sobre cómo se cuenta la historia en las instituciones culturales de Estados Unidos, reflejando un momento de polarización política en el que cada decisión puede tener repercusiones monumentales.
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