La cuarta ola de la covid, los efectos de la nueva legislación en materia de subcontratación, las disrupciones en las cadenas de suministro y la incertidumbre entre los empresarios, han pasado factura a México, que hoy se enfrenta a una posible recesión.
Datos preliminares del Inegi publicados el lunes muestran que el producto interno bruto (PIB) creció 5% en 2021, una recuperación insuficiente para compensar la dramática caída del 8,4% en 2020. El PIB cayó 0,1% en los últimos tres meses de 2021, en comparación con el trimestre inmediato anterior.
Gabriela Siller, directora de análisis económico escribió: “Es altamente probable que dada la segunda caída trimestral en el PIB se haya vivido una recesión en México. La alta inflación del 2021 y la caída del PIB en la segunda parte del año sugieren que la economía mexicana atraviesa una estanflación, situación que no se veía en México desde la década de 1980″, agregó.
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La estanflación refiere a una condición en la economía en que, a pesar del estancamiento, persiste el incremento en los precios en bienes y servicios. Este ha sido un temor a nivel mundial, por lo que la Reserva Federal en Estados Unidos y multilaterales como el Fondo Monetario Internacional han descartado que este sea un mal que impacte a la economía global. En México, sin embargo, los datos muestran que esta es ya una realidad. La inflación alcanzó 7,36% en 2021, un nivel no visto en 20 años, por lo que el banco central ha respondido con alzas en la tasa de interés.
Países pares en Latinoamérica, como Chile, Colombia y Perú, por ejemplo, registran incrementos trimestrales en el PIB por encima de los niveles registrados antes de que iniciara la pandemia. EE UU, cuya economía está fuertemente ligada a la mexicana, creció 5,7% en 2021, la tasa más elevada desde 1984. Los factores relacionados con la pandemia, como las disrupciones en la producción de bienes y en los servicios por la cuarta ola de infecciones, así como las interrupciones de cadenas de suministro a nivel global, explican solo una parte del estancamiento en México.
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La inversión fija bruta ha visto una caída desde mediados de 2018, acelerándose a partir de la pandemia y de la política de López Obrador que busca otorgar a las empresas energéticas del Estado un monopolio en el mercado. Durante su Administración, se han enviado propuestas para reformar el sector eléctrico y, de manera más amplia, el energético, para limitar la participación de empresas privadas. López Obrador busca, también, clasificar minerales como el litio, esenciales en las nuevas tecnologías eléctricas libres de combustibles fósiles, como “estratégicos” y bajo el control del Estado. Durante su Gobierno, además, se han congelado permisos y licencias a empresas de energía renovable.
Esto ha generado incertidumbre en el sector privado, mermando el desempeño de la economía. “De las cuatro variables del PIB, para este año las exportaciones decrecerán, el consumo se contraerá, la inversión fija bruta ligeramente crecerá, por lo que la inversión pública debe ejecutarse con base en el gasto público programado”, dice José Ignacio Martínez, del Laboratorio de Comercio, Economía y Negocios (LACEN) de la UNAM. “LACEN prevé que en 2022 el crecimiento de México sea de 2,5% con expectativa a la baja de un punto porcentual”.
“El Gobierno debe blindar el mercado interno para que el consumo fluya. Se debe brindar confianza al inversionista, certidumbre al empresario y seguridad al consumidor para amortiguar la reducción del PIB para 2022″, apunta el economista.
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