Un par de zapatillas deportivas puede ser verdaderamente espectacular. Al igual que tus jeans más cómodos o una camiseta que se ha lavado tantas veces que parece parte de ti, tus zapatillas favoritas pueden llegar a sentirse como una extensión de tu cuerpo. Sin embargo, con el tiempo, es probable que se ensucien tanto que ya no puedas usarlas en público, y a diferencia de jeans y camisetas, no puedes simplemente meterlas en la lavadora. Esto te obliga a tomar una decisión: reemplazarlas o rejuvenecerlas.
La mala noticia es que, por mucho que intentes, nada devolverá tus zapatillas a su estado original de “nueva”. La razón es sencilla: la mayoría de las zapatillas modernas están fabricadas con una mezcla de cuero, ante, malla plástica y espuma. Mientras que puedes eliminar la suciedad de la mayoría de estos materiales, otros signos de envejecimiento son más permanentes. Rory Fortune, cofundador de un famoso estudio de reparación y personalización, señala que “puedes limpiar un par de zapatillas y hacer que se vean bien, pero no puedes hacer que luzcan como si acabaran de salir de la caja”.
El primer paso para lograr un par de zapatillas relucientes es hacerse una idea clara de los materiales que componen tus zapatillas. Cada material se desgasta de manera diferente, a veces de forma visible e irreversible, y requiere un método de limpieza distinto. Según Fortune, “la mayoría de las veces tratamos con una mezcla de tela y cuero.” El ante puede soportar daños, pero con la malla debes ser mucho más delicado.
Un material que presenta complicaciones es el poliuretano. Esta espuma ligera, comúnmente utilizada en las suelas intermedias, tiene una vida útil limitada. Con el tiempo, se endurece y absorbe humedad y oxígeno, lo que lleva a su descomposición. “Cuando ves esos Jordans de hace diez años con suelas que empiezan a desintegrarse, eso proviene de la oxidación”, explica Fortune. La humedad y el agua que se infiltran aceleran este proceso, y es importante recordar que limpiar no solucionará las suelas amarillentas o agrietadas.
El siguiente desafío son la malla y la tela, que tienden a atrapar la suciedad profundamente en sus fibras. Limpiar requiere múltiples pasadas suaves en lugar de un fregado agresivo. Una recomendación es usar un poco de champú para zapatos con un cepillo suave, enjuagar y repetir hasta que la mancha desaparezca.
Por otro lado, el ante es más perdonador de lo que muchos piensan. “Contrario a la opinión general, el ante es en realidad muy fácil de limpiar”, afirma Fortune, destacando que un borrador para ante y un cepillo de cerdas de latón son herramientas útiles para la tarea. Las cosas se complican con otros tipos de cuero, ya que muchos zapatos de marca utilizan material tratado que está cubierto con una capa similar al plástico. Aunque puede parecer uniforme y resistente a las manchas, una vez que la superficie se daña, es difícil salvarla. Fortune aclara que “cuando empresas como Nike y Adidas dicen ‘cuero’, es técnicamente cuero, pero en realidad es el peor tipo de cuero”.
Al abordar la limpieza, un enfoque gradual es clave. Al igual que consumir un comestible de un festival donde la procedencia es dudosa, una limpieza excesiva puede resultar en un daño irreversible. Fortune aconseja comenzar con un limpiador multiuso y, a partir de ahí, escalar a productos más intensos. “Puedes comenzar con limpiadores seguros y luego ir subiendo en niveles de potencia”, concluye.
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