En la búsqueda del estado físico óptimo, el concepto de “ponerse en forma” ha cobrado un carácter difuso, similar a términos como “tonificar” o “nutrición.” En un sentido más concreto, “ponerse en forma” se refiere a la pérdida de peso acompañada de un mantenimiento o aumento de masa muscular. Expertos en nutrición y fitness subrayan que este proceso, conocido como recomposición corporal, implica simultáneamente la construcción de músculo mientras se quema grasa. La especialista en nutrición, Maddie Pasquariello, apunta que esta transformación no solo responde a inquietudes estéticas, sino que también puede traer consigo importantes beneficios para la salud.
Históricamente, la percepción de “ponerse en forma” ha evolucionado, alejándose de una mera reducción de peso en la balanza. Los especialistas como Glenn DeSimone, un entrenador personal, señalan que la masa muscular es un indicador significativo de longevidad y que mantener una alta proporción de músculo en relación con la grasa puede minimizar riesgos de enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2, hipertensión, e incluso ciertos tipos de cáncer. En esencia, se trata de alcanzar un estado metabólico saludable y funcional.
El camino hacia este destino de optimización física se basa en un enfoque sencillo de dieta y ejercicio armonizado. Pasquariello enfatiza que un programa adecuado en el gimnasio es crucial, pero también lo es consumir suficientes calorías y proteínas. Cambiar la dieta de manera sostenida puede inducir variaciones favorables en la composición corporal, aunque es fundamental mantener un compromiso activo en el gimnasio para desarrollar la musculatura deseada.
Para alcanzar los objetivos de “ponerse en forma,” los expertos proporcionan recomendaciones clave. En primer lugar, priorizar el entrenamiento de fuerza. Hay un mito común que sugiere que la clave para ponerse en forma radica únicamente en reducir calorías y realizar un excesivo cardio. Sin embargo, el entrenamiento de resistencia es un componente indispensable para el desarrollo de tejido muscular. DeSimone aclara que sin este tipo de entrenamiento, se dificultará la creación de la masa muscular buscada. Además, las sesiones de resistencia impulsan la producción de hormonas anabólicas, como la testosterona y el factor de crecimiento similar a la insulina (IGF-1), que son cruciales tanto para aumentar masa muscular como para quemar grasa.
Además, el entrenamiento de fuerza no solo mejora la musculatura, sino que también juega un rol vital en el metabolismo. A mayor cantidad de músculo, mayor es la capacidad del cuerpo para quemar grasa incluso en reposo. Por ello, se recomienda entrenar al menos tres o cuatro veces a la semana, enfocándose en ejercicios compuestos que actúan sobre grupos musculares mayores.
En cuanto al cardio, aunque en tiempos pasados se consideraba esencial, DeSimone y Pasquariello sugieren que, en muchos casos, reducir su cantidad podría ser beneficioso, siempre y cuando se mantenga un programa de entrenamiento de fuerza adecuado. No obstante, incorporar uno o dos días de cardio a la semana puede complementar el proceso y optimizar los resultados.
Así, el camino hacia un estado físico ideal y saludable quedó delineado. Con un enfoque equilibrado en la dieta y el ejercicio, y una clara prioridad en el entrenamiento de fuerza, las aspiraciones de “ponerse en forma” pueden ser alcanzadas, dando lugar a beneficios que van más allá de la estética, impactando positivamente la salud y el bienestar general.
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