El próximo encuentro de la selección española se disputará a una hora poco habitual: a las 12 de la mañana. Este partido tendrá lugar en Atlanta, donde España se enfrentará inicialmente a Cabo Verde y posteriormente a Arabia Saudí. Aunque el calor es un factor preocupante, el encuentro se llevará a cabo en un recinto cerrado que mitigará parte de las altas temperaturas que se experimentan en esa área de Georgia durante la mañana.
El desafío no solo radica en el calor, sino en la adaptación del cuerpo de los futbolistas a un horario en el que, aunque suelen entrenar, no están acostumbrados a competir. Para entender mejor cómo un equipo se prepara para este tipo de situaciones, se consultó a Itziar González, una nutricionista destacada en el mundo del fútbol profesional.
La preparación para el partido comienza días antes. El objetivo es maximizar las reservas de glucógeno, vitales para el rendimiento atlético. Se recomienda que los futbolistas consuman entre 8 y 10 gramos de carbohidratos por cada kilogramo de peso corporal. Por ejemplo, un jugador que pese alrededor de 78 kilos debe ingerir entre 624 y 780 gramos de carbohidratos a lo largo del día, con fuentes recomendadas como arroz, boniato y pasta.
La hidratación es un aspecto igualmente crítico. El día anterior al partido, los jugadores deben consumir entre 2,5 y 3 litros de líquido, asegurándose de incluir sodio para una mejor retención del agua. La cena antes del partido es crucial, y se sugiere un menú basado en arroz o pasta, acompañado de pollo o pavo, verduras cocidas y un toque de aceite de oliva.
El día del partido, el desayuno se programará entre las siete y las siete y media de la mañana, priorizando carbohidratos desde el inicio. Un porridge de avena con plátano, miel y una bebida con electrolitos aportará los nutrientes necesarios para facilitar un rendimiento óptimo. Asimismo, el concentrado de remolacha se ha convertido en un aliado importante, ya que se administra unas dos o tres horas antes del inicio del encuentro para mejorar el flujo de oxígeno hacia los músculos.
El suministro de electrolitos, como sodio, potasio y magnesio, es fundamental y debe adaptarse a las características individuales de cada jugador. La correcta absorción de estos minerales durante el día de la competición es esencial para prevenir calambres y fatigas, problemas comunes en el deporte de alto rendimiento.
La última carga de energía se planea tres horas antes del partido, con una comida que incluye arroz blanco, pollo o pavo, compota de manzana, y bebidas con electrolitos, aportando aproximadamente 120-135 gramos de carbohidratos y 35 gramos de proteína.
Durante el encuentro, la hidratación continua es clave. Se deben consumir líquidos no solo durante el calentamiento, sino también en cada pausa y descanso, preferentemente bebidas que fortalezcan tanto los electrolitos como los carbohidratos.
La preparación meticulosa para un partido de esta índole revela la importancia de la nutrición y la hidratación en el rendimiento deportivo, especialmente cuando se trata de competir en condiciones inusuales y desafiantes.
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