Gone son los días en que los viajes de influencers eran extravagantes y masivos. Sin embargo, esta modalidad no ha desaparecido del todo. En el año 2026, las marcas continúan organizando escapadas para creadores en lugares exóticos, desde Grecia con Mango hasta declaraciones de estilo en los Adirondacks de J. Crew, así como en Marruecos y París con Tresemmé.
Históricamente, estos viajes se centraban en talentos de renombre que a menudo generaban tanto críticas como elogios. Recientemente, OpenAI organizó su primer viaje de marca, que rápidamente fue objeto de controversia, con voces en contra de los creadores que se alinearon con la empresa tecnológica. Esto revela un cambio en la lógica detrás de estos viajes: hoy en día, las marcas optan por grupos más pequeños y selectos, buscando no solo un mayor alcance, sino también una influencia cultural más significativa.
Las marcas han modificado su enfoque sobre el retorno de inversión (ROI) en estos viajes. Ahora, el éxito se mide en la creación de contenido sostenible y en la capacidad de generar un compromiso duradero con la marca. Según expertos, el enfoque se ha desplazado hacia la atención y la conciencia de marca, no solo hacia ventas inmediatas, lo que implica una construcción más narrativa y menos centrada en productos.
En este nuevo modelo, los itinerarios son menos estrictos; los creadores disfrutan de mayor libertad y tiempo para interactuar con la marca y entre ellos. Este cambio se traduce en experiencias más significativas, donde los influencers se involucran de manera más auténtica. J.Crew, bajo la dirección de su CMO, realiza viajes cortos que evitan la saturación, idealmente terminando con los asistentes sintiendo nostalgia por la experiencia.
Por ejemplo, Mango llevó a un grupo a Atenas y Hydra, enfocándose en el valor mediático ganado (EMV) para evaluar el impacto de su viaje. Este nuevo enfoque también está siendo adoptado por otras plataformas que evalúan el valor mediático (MIV) de las relaciones de marca e influencer. La clave ahora es organizar viajes que maximicen la participación en redes sociales y la generación de contenido positivo, convirtiendo cada experiencia en una oportunidad de mayor visibilidad y conexión.
En resumen, el panorama de los viajes de influencers ha evolucionado hacia un modelo más estratégico y reflexivo, donde el valor no se mide solo por la cantidad de exposición, sino por la calidad de las relaciones y la perdurabilidad del contenido generado. La tendencia en 2026 muestra un compromiso renovado de las marcas para crear narrativas ricas y experiencias auténticas que resuenen profundamente en la memoria de su audiencia.
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