En el vibrante escenario del Teatro del Bosque Julio Castillo, la compañía Última vez, dirigida por el aclamado coreógrafo belga Wim Vandekeybus, ha regresado a México para presentar Void, una obra que invita a la reflexión sobre la identidad y el entorno que nos rodea. Esta pieza innovadora, que se estrenó en mayo de 2024, promete una experiencia visceral donde seis intérpretes de diversos países buscan sus propias verdades en un vertiginoso viaje de 90 minutos.
La propuesta de Vandekeybus es más que un simple espectáculo: es una exploración del vacío, un punto de partida para reimaginar no solo la danza, sino también la experiencia del ser en un espacio compartido. En el escenario, los bailarines, provenientes de lugares tan dispares como Italia, Bélgica y Hong Kong, combinan humor, sensualidad y un toque de agresividad para tejer una narrativa emocional que resuena con el público.
En una atmósfera que no deja lugar a la repetición, cada movimiento y situación es fresco y sorprendente. A los espectadores se les atrapa en una secuencia de escenas intercaladas con profundas reflexiones sobre la vida, la libertad y la búsqueda de uno mismo. La obra se enriquece con la música del belga Arthur Brouns, que fusiona lo orquestal con lo electrónico, agregando capas sonoras que interactúan con la acción en el escenario.
Uno de los momentos más impactantes involucra a una bailarina que se conecta físicamente con el público, usando un tubo para sentir los latidos de un corazón, lo que añade un nivel de intimidad y vulnerabilidad a la experiencia. Tales elementos no son meras trivialidades, sino que son indicativos del conflicto central de Void, que confronta la dualidad del ser humano: cuerpo versus mente, individuo versus colectivo, realidad versus ilusión.
La escenografía, diseñada por Vandekeybus, se mantiene en un estilo minimalista que favorece la creatividad y mantiene la atención del espectador sin distracciones excesivas. Elementos como telas grandes, globos rojos y cajas de cartón se utilizan magistralmente para crear un efecto envolvente, envolviendo al público en un mundo donde la imaginación tiene rienda suelta.
El impacto de Void no se limita solo a la danza; aborda cuestiones existenciales de manera directa y cruda. Frases como “Mis padres me tienen encerrada” y reflexiones sobre el anhelo de un pasado perdido conectan profundamente con cualquier espectador que haya enfrentado la lucha por la autoidentidad y la búsqueda de un propósito.
Con un legado que abarca casi cuatro décadas, Wim Vandekeybus ha demostrado su capacidad de desafiar y expandir los límites del arte de la danza. Su obra anterior, What The Body Does Not Remember, también dejó huella a fines de los 80, y su prolífica carrera continúa anotando éxitos.
La ovación del público al concluir la función en el Teatro del Bosque Julio Castillo no solo fue un reconocimiento al talento de los bailarines, sino también un reflejo del poder transformador que tiene el arte en la sociedad contemporánea. Está claro que Void es una obra que no solo entretiene, sino que también invita a la introspección, convirtiéndose en un must-see dentro del Festival Internacional de Danza Contemporánea Lila López que se inauguró en San Luis Potosí.
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