En el transcurso de una sola semana, el panorama de los medios estadounidenses experimentó un giro radical que va más allá de la simple creación de contenidos. Dos acuerdos significativos han permitido que el control sobre cómo los estadounidenses consumen información quede en manos de un puñado de millonarios conservadores. Este fenómeno representa una toma de poder empresarial en la esfera pública estadounidense, respaldada por un aparato regulador que parece a la deriva.
El lunes, Fox Corporation anunció la adquisición de Roku por la impresionante cifra de $22 mil millones. Esta plataforma de televisión conectada está presente en la mitad de los hogares estadounidenses con acceso a internet de banda ancha. Pocos días antes, el Ministerio de Justicia bajo la administración de Donald Trump dio luz verde a la fusión de Paramount con Warner Bros. Discovery, un movimiento que otorga a David Ellison, hijo del magnate Larry Ellison, autoridad sobre CBS News y CNN. La rapidez con la que Paramount se comprometió a finalizar la fusión fue notable, destacando su intención de consolidar poder en el ámbito mediático.
Este escenario se vuelve aún más inquietante si se considera la escala de lo que podría describirse como un golpe silencioso. Durante la mayoría de la última década, los llamados “guerras de streaming” se habían definido en términos de contenido, con gigantes como Disney invirtiendo sumas significativas en sus plataformas de streaming. Sin embargo, Fox había optado por no entrar en esta competencia por el prestigio, manteniéndose con su enfoque en noticias y deportes. La fusión con Roku podría convertir a Fox en la tercera empresa de televisión más grande en Estados Unidos.
Pero el negocio de Roku va más allá de sus dispositivos de transmisión; se ha transformado en una plataforma de publicidad en televisión conectada, manejando un sistema operativo que actúa como intermediario entre los espectadores y los proveedores de contenido. Esto implica un control significativo sobre lo que se presenta a los usuarios, utilizando datos para optimizar la experiencia de visualización. Es un poder que podría impactar directamente en cada competidor que busque hacerse un espacio en ese ecosistema.
La dominación mediática de la derecha ha dependido históricamente del modelo relativamente estable de la televisión por cable, que subsidió a Fox News a través de tarifas de transmisión. Sin embargo, este modelo se encuentra en declive: según el Pew Research Center, la cantidad de hogares con cable ha caído al 36% en 2025, muy por debajo del 85% de hace solo una década. La revolución de la televisión por streaming se suponía que democratizaría el acceso, pero en cambio, ha facilitado una forma más insidiosa de control.
La fusión relacionada con Ellison merece una atención crítica similar, aunque no ha recibido la misma cantidad de escrutinio. Se reporta que el liderazgo del Ministerio de Justicia interrumpió la revisión antimonopolio antes de que los abogados pudieran emitir su opinión final, un hecho inusitado. Esto permitió que Ellison consolidara su influencia al asumir el control tanto de CBS como de CNN, creando un entorno donde dos operadoras de noticias podrían representar visiones políticas alineadas.
Este auge de los multimillonarios en nuestras redacciones es cada vez más evidente, con movimientos políticos claramente calculados en juego. Desde eventos con altos funcionarios hasta la manipulación de espacios publicitarios, se está configurando un panorama donde menos medios están dispuestos a desafiar el statu quo. Dentro de este contexto, Fox y Ellison juegan papeles fundamentales: Fox controla la distribución, los datos y una robusta máquina de publicidad, mientras que Ellison se encarga de la producción de contenido a través de múltiples redes importantes.
A medida que la competencia se reduce y las voces disidentes se vuelven más escasas, surge una clara tendencia. No se trata solo de una batalla de ideas, sino de una guerra por el control de la distribución de la información. Aquellos que han comprendido esta dinámica son los que están ganando. Las lecciones aprendidas por los Murdochs con la televisión satelital están siendo adaptadas por los Ellison en la consolidación del streaming, y ahora Fox ha extendido su influencia hasta el mismo sistema operativo de la televisión conectada.
Este nuevo orden mediático requiere vigilancia y una reflexión crítica sobre cómo la concentración de poder puede afectar la diversidad y la independencia del periodismo en Estados Unidos, especialmente en un entorno donde la tecnología y la política se entrelazan cada vez más.
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