Los hutíes de Yemen, respaldados por Irán, han intensificado las hostilidades en el Mar Rojo al atacar un buque saudita en el estrecho de Bab el-Mandeb. El incidente, ocurrido el 10 de agosto de 2026, fue reportado por la agencia de noticias Saba, vinculada al grupo insurgente. Aunque Arabia Saudita no ha confirmado el ataque, el Centro Conjunto de Información Marítima, supervisado por la Marina de EE.UU., indicó que un carguero, identificado como Tihamah, fue alcanzado por un proyectil mientras se encontraba fondeado en aguas territoriales de Yemen.
La ofensiva ha tenido consecuencias trágicas, con la muerte de tres ciudadanos paquistaníes y otro herido, lo que ha llevado a Islamabad a condenar el ataque y señalar su impacto en la seguridad marítima y la libertad de navegación en la región. Los hutíes, que habían amenazado con atacar cualquier embarcación saudita, argumentan que esas acciones son en respuesta a lo que consideran un asedio saudita de las zonas bajo su control. El 20 de julio, los hutíes declararon un embargo naval contra Arabia Saudita, una afirmación que Riad ha negado enérgicamente.
Este bloqueo ha alterado significativamente el tráfico marítimo. Varios petroleros sauditas han cambiado su ruta antes de acercarse a Bab el-Mandeb, y hay informes de una reducción del 30% en el tránsito de buques por el estrecho. La situación se ha vuelto aún más tensa en las últimas semanas, ya que los hutíes también han intensificado ataques en las provincias de Marib y Hadramaut, causando bajas significativas entre las fuerzas gubernamentales.
La relevancia estratégica de Bab el-Mandeb no puede subestimarse. Este estrecho, que conecta el mar Rojo con el golfo de Adén, es uno de los pasajes marítimos más importantes del mundo, crítico para el comercio de petróleo y mercancías entre Asia, Europa y el Atlántico a través del canal de Suez. Su punto más estrecho mide apenas 29 kilómetros, lo que lo convierte en un cuello de botella que es vital para el comercio global.
El enviado especial de la ONU para Yemen, Hans Grundberg, ha advertido que la reciente escalada de hostilidades pone al país en un riesgo considerable de un retorno a un conflicto de gran escala, especialmente tras la tregua que tuvo lugar en abril de 2022. Desde entonces, Yemen ha vivido una guerra civil que comenzó en 2014 con la toma de control de los hutíes en el norte del país, incluyendo la capital, Saná. Aunque la tregua redujo los combates, las hostilidades han resurgido intermitentemente.
Rashad al-Alimi, presidente del Consejo Presidencial de Liderazgo yemení, ha señalado que las fuerzas gubernamentales ya no permitirán que los hutíes controlen el ritmo de la confrontación. Este aumento en la tensión marítima se produce en paralelo con los conflictos en el estrecho de Ormuz, donde también se han registrado ataques a petroleros y se vislumbran escasas oportunidades de acuerdo entre EE.UU. e Irán.
Con la situación en Bab el-Mandeb cada vez más precaria, el futuro del comercio en esta arteria vital está en entredicho. La combinación de un bloqueo naval no resuelto y una escalada terrestre en Yemen crean un escenario alarmante para la navegación comercial, que podría tener repercusiones significativas a nivel global.
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