Las autoridades iraníes han intensificado su enfoque en la seguridad interna, promoviendo una serie de arrestos y enfrentamientos con presuntas células armadas que operan en el país. Este esfuerzo parece estar diseñado para presentar la guerra en curso con Israel y Estados Unidos como una amenaza inminente a la seguridad nacional. En medio de un creciente descontento social debido al deterioro económico, el régimen busca proyectar control interno y desalentar protestas que amenacen su estabilidad.
Uno de los incidentes recientes ocurrió el 7 de septiembre de 2026, cuando medios estatales informaron sobre la detención de una red de ocho miembros vinculados a grupos calificados de “antirrevolucionarios” y “monárquicos”. El Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI) acusó a estos individuos de haber utilizado cócteles molotov y quemado neumáticos durante las protestas que tuvieron lugar en enero, reflejando la creciente preocupación de los líderes iraníes ante la posibilidad de nuevos disturbios.
Desde el inicio de la guerra, el Ministerio de Inteligencia ha anunciado la detención de 111 “células monárquicas” en 26 provincias. Las autoridades consideran que las protestas de enero son parte de un “golpe de Estado” coordinado por agentes estadounidenses e israelíes, incluyendo a partidarios de la disuelta monarquía iraní. Se estima que miles de personas murieron durante estas manifestaciones, lo que ha llevado a condenas por parte de la ONU y organizaciones de derechos humanos en relación con la represión estatal.
Durante las protestas de enero, algunos grupos de ciudadanos manifestaron su apoyo al regreso de la monarquía, derrocada por la revolución islámica en 1979. Reza Pahlavi, hijo del último shah de Irán, se ha establecido como un líder de la oposición, haciendo un llamado a la movilización de la población para protestar y llevar a cabo huelgas. Aunque las voces de apoyo a Pahlavi han resonado en el país, los analistas advierten que actualmente no hay grupos armados organizados que representen esta ideología.
El clima de tensión se agrava por el contexto bélico: el presidente estadounidense, Donald Trump, y el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, han manifestado abiertamente su intención de derrocar al régimen iraní. Este tipo de declaraciones ha reavivado los rumores de un posible retorno de la monarquía y ha generado un apoyo significativo durante las manifestaciones fuera de Irán.
Los combatientes kurdos que operan cerca de las fronteras de Irán son considerados una de las principales amenazas armadas no estatales para el país. Varias organizaciones, calificadas como “terroristas” por Teherán, han sostenido en el pasado conversaciones con representantes de Estados Unidos e Israel, aunque estas agrupaciones han expresado que carecen de los recursos necesarios para llevar a cabo acciones efectivas.
En adición, la situación económica del país es crítica, con una inflación del 100% que afecta gravemente a la población. Amigos del régimen advierten que la presión interna podría desbordarse en cualquier momento, lo que podría generar una nueva ola de protestas. Mientras tanto, Washington ha continuado respaldando a los manifestantes, lo que podría intensificar aún más la resistencia interna en torno al régimen teheraní.
Con una incertidumbre que se cierne sobre el futuro político y social de Irán, la atención del mundo permanece fija en cómo evolucionará esta tensa situación en el contexto de una guerra que escala día a día. Las medidas adoptadas por el régimen iraní, así como la respuesta de sectores críticos de la población, seguirán definiendo el rumbo de este país en los meses venideros.
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