En el actual panorama global, se observa una preocupante tendencia hacia la pérdida de un enfoque social que aborde efectivamente los problemas del subdesarrollo y, en particular, la extrema pobreza. Recientemente, el gobierno de Estados Unidos tomó la controvertida decisión de cerrar la Agencia para el Desarrollo Internacional (USAID). Esta acción podría resultar trágica, con un estimado de 14 millones de vidas en riesgo hasta el 2030, incluyendo una alarmante cifra de niños menores de cinco años. Este dato fue revelado por un estudio del Instituto de Salud Global de Barcelona (IS-Global), poniendo en evidencia las implicaciones devastadoras de esta decisión.
Históricamente, USAID había sido reconocida como un instrumento clave del gobierno estadounidense para combatir la pobreza en diversas naciones. Sin embargo, el actual recorte presupuestal se fundamenta en una supuesta búsqueda de eficiencia que ignora las consecuencias sociales de esta política. Esta estrategia, influenciada por intereses ideológicos y particulares, ha suscitado críticas, especialmente dado el papel de figuras influyentes como Elon Musk.
El impacto del cierre de USAID es aún más preocupante dado que actualmente no existe un ente global que pueda reemplazar las funciones desempeñadas por Estados Unidos en el ámbito social internacional. Esta pérdida se manifiesta como un debilitamiento de lo que se conoce como “poder suave”, asociado a vínculos políticos que contribuían a la estabilidad.
En un contexto geopolítico tenso, Reino Unido ha decidido reforzar su capacidad militar en respuesta a las crecientes amenazas globales, especialmente desde la invasión de Ucrania por parte de Rusia en 2022. El primer ministro, Keir Starmer, ha declarado que la amenaza es más grave y menos predecible que en épocas de la Guerra Fría, resaltando la importancia de la preparación militar en estos tiempos inciertos.
La experiencia histórica de Reino Unido durante la Segunda Guerra Mundial se traduce en una comprensión profunda de las consecuencias de las traiciones y de la inestabilidad internacional. Tal perspectiva se vuelve esencial ante los desafíos planteados no solo por Rusia, sino también por naciones como Irán, Corea del Norte y China.
Un factor disruptivo en esta dinámica global es la figura de Donald Trump, cuya cercanía a Putin ha generado escepticismo entre los líderes europeos. Existe una creciente preocupación sobre la posible resurgencia de políticas de seguridad que habían sido relegadas.
Según la académica Helene Rey, Estados Unidos está alejándose de su rol como potencia hegemónica, debilitando su divisa y creando un espacio potencial para que la eurozona asuma un liderazgo financiero global. Este cambio sugiere que un sistema internacional estable y abierto depende fundamentalmente de la presencia de una nación global dominante, un equilibrio que ha caracterizado el orden mundial hasta ahora.
La información presentada es representativa de la situación hasta la fecha de publicación original, el 9 de junio de 2025, y la evolución de estos eventos continúa siendo crítica en un mundo cada vez más interconectado y complejo.
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