En las primeras luces del alba, las aguas del Lago Dal resplandecen como zafiros triturados. Este icónico lago, antaño rodeado de jardines flotantes que emanaban el aroma de los tallos de loto y las cañas de sauce recién tejidas, hoy refleja una escena más desoladora: parches de tierra seca, basura plástica, embarcaciones abandonadas y cultivos marchitos se deslizan bajo la mirada silenciosa de sus habitantes.
Srinagar, la capital veraniega de Cachemira administrada por India, enfrenta una crisis creciente. El cambio climático ha traído consigo sequías, inundaciones y lluvias irregulares, alterando un ecosistema frágil que sustenta la vida de más de 50,000 personas de la comunidad Hanji. Las mujeres de esta región, que antes dependían del lago para pescar, cultivar verduras y recolectar plantas acuáticas, ahora lidian con la incertidumbre de menores ingresos y escasez de recursos.
En un despejado y fresco cobertizo, un grupo de mujeres se reúne para coser y bordar abayas, el vestuario tradicional que adoptan en su cultura. Con sus manos hábiles, comparten técnicas y relatos de cosechas perdidas mientras el aroma del agua y la ropa en secado inundan el aire. La tarde se torna cálida, pero el suave viento del lago proporciona un alivio momentáneo.
La transición a la costura ha permitido a muchas de estas mujeres, como Afroza Bano, redescubrir su fuerza. A sus 30 años, Bano ha dejado atrás su vida anterior de agricultora para convertirse en costurera y bordadora. Ha aprendido a combinar antiguas técnicas con diseños modernos, utilizando redes sociales para vender su trabajo y llegar a nuevos clientes. Este cambio ha traído no solo un ingreso adicional, sino también un sentido de empoderamiento en un entorno que se torna cada vez más adverso.
A medida que los problemas medioambientales continúan, las mujeres de la región buscan formas creativas de adaptarse a su nueva realidad. En 2024, un estudio reveló que el 57% de los habitantes del área experimento una disminución en las precipitaciones, lo que repercute profundamente en la producción agrícola. Con un aumento esperado en la temperatura promedio de 1.2°C en Jammu y Cachemira, la situación se vuelve crítica, con una clara tendencia hacia la disminución de la calidad del agua, la biodiversidad y el sustento de quienes viven de ella.
Mohammad Abbas, un maestro de costura, ha trabajado incansablemente desde el año 2000 para enseñar a las jóvenes del área. “Es un honor guiar a estas mujeres, muchas de las cuales solían trabajar la tierra. Sus manos crean belleza y sustento, lo que resulta inspirador”, comparte Abbas, mientras promueve la importancia de la autosuficiencia y la resiliencia.
A pesar de la incertidumbre, las historias de Bano y su vecina Nusrat Jan reflejan la dignidad y fortaleza de la comunidad. “A veces se siente como si el lago se estuviera encogiendo, y con él nuestro modo de vida. Pero encontramos nuevas formas de seguir adelante”, asegura Nazia Qasim, otra de las jóvenes que contribuye a esta transformación.
El futuro del Lago Dal, un símbolo de la identidad cultural y económica de Cachemira, está en juego. A medida que el cambio climático y la presión humana continúan afectando el medio ambiente, el compromiso de estas mujeres con su arte y su cultura se convierte en un acto de resistencia. En un contexto donde la agricultura se vuelve cada vez más insegura, la habilidad de estas mujeres para adaptarse y prosperar demuestra que, pese a las adversidades, la esencia de la vida junto al lago sigue viva y resiliente.
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