Reducir la basura electrónica se ha convertido en una prioridad en México, un país que se encuentra entre los mayores generadores de estos desechos en América Latina. Según cifras de la Procuraduría Federal del Consumidor (Profeco), nuestro país produce aproximadamente 1.2 millones de toneladas métricas de basura electrónica, una cantidad que podría llenar cuatro veces el Estadio Azteca. Esta situación no solo plantea un desafío ambiental, sino que también puede tener serias repercusiones en la salud humana.
Con el fin de combatir este fenómeno, Profeco ha emitido varias recomendaciones esenciales. Entre ellas, se sugiere evitar las compras impulsivas y optar por dispositivos reparables y productos reacondicionados. Estas prácticas no solo ayudan a disminuir la cantidad de desechos generados, sino que también promueven un consumo más responsable.
La basura electrónica puede ser peligrosa; muchos dispositivos en desuso liberan sustancias tóxicas que contaminan el suelo y el agua. Además, el desecho inadecuado de estos productos contribuye a las emisiones de gases de efecto invernadero y, por lo tanto, al cambio climático.
Profeco ha clasificado la obsolescencia programada en cinco tipos: física, estética, funcional, indirecta y percibida. La obsolescencia física ocurre cuando los productos están hechos de materiales de baja calidad. La estética se refiere a diseños que se vuelven anticuados. La funcional implica que un producto, aunque siga funcionando, pierde compatibilidad con nuevas actualizaciones. La obsolescencia indirecta se produce cuando un dispositivo queda inutilizable por falta de refacciones, y la percibida se basa en la creencia errónea de que un producto ha dejado de funcionar, a pesar de que aún puede ser útil.
Para contrarrestar estas prácticas, Profeco destaca la importancia de fortalecer la gestión de residuos electrónicos y fomentar la economía circular. Esto incluye mejorar la infraestructura y los procesos de recolección, reciclaje y disposición segura de estos desechos.
La creciente preocupación por la basura electrónica resalta la necesidad de cambiar nuestros hábitos de consumo y adoptar una actitud más respetuosa con el medio ambiente. Al seguir las recomendaciones de Profeco, cada uno de nosotros puede contribuir a un futuro más sostenible, minimizando el impacto de la obsolescencia programada y protegiendo tanto nuestra salud como la del planeta.
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