La economista Mariana Mazzucato plantea una visión clara para el futuro de México: no se trata de un Estado más grande, sino de un Estado más capaz. En su reciente análisis, Mazzucato sostiene que el éxito de iniciativas como el Plan México no depende de nuevos anuncios ni de inversiones privadas adicionales, sino de la habilidad del gobierno para coordinar sus políticas, innovar, digitalizar y ejecutar de manera efectiva.
A medida que Mexico enfrenta retos significativos, sugiere que sin una capacidad digital propia, el gobierno se verá limitado en su capacidad para implementar exitosamente el Plan México. Mazzucato es reconocida por su enfoque en la política industrial y la innovación, y dirige el Instituto de Innovación y Propósito Público en University College London. Entre sus obras destaca “El Estado emprendedor”, donde argumenta que el Estado puede, y debe, crear mercados, asumir riesgos y orientar la innovación hacia objetivos públicos.
Con base en su estudio, en colaboración con Lara Merling, se destaca que México invierte poco en investigación y desarrollo, tiene limitadas capacidades tecnológicas y enfrenta grandes desigualdades regionales. Un punto crítico es la dependencia excesiva del país de las cadenas globales de valor, que obstaculiza la productividad, especialmente en el contexto del nearshoring.
Mazzucato sugiere desarrollar una infraestructura pública digital que abarque todo el país y establecer un laboratorio de innovación pública permanente. Este debe robustecer las capacidades digitales del gobierno y permitir la formación continua de los servidores públicos. La necesidad de tratar las políticas como portafolios de innovación es fundamental para el éxito de la estrategia industrial del país.
Existen precedentes en otras naciones: el Gobierno del Reino Unido cuenta con el Government Digital Service, y Chile ha creado un Laboratorio de Gobierno. En México, el Laboratorio para la Ciudad fue un intento de incorporar estas ideas, aunque su existencia fue efímera, representando más una ocurrencia de un ciclo administrativo que una solución duradera.
El estudio de Mazzucato apunta a la urgencia de desarrollar una infraestructura pública digital y sistemas integrados que faciliten la identidad, pagos e intercambio de datos en el marco de un Estado moderno. Al tercerizar dichas funciones, advierte, el gobierno se aleja de su memoria institucional, debilitando su capacidad de gobernanza.
Con cifras que reflejan una situación crítica, más de 100 millones de mexicanos están conectados a Internet, pero en regiones como Oaxaca y Chiapas la conectividad cae a niveles alarmantes, afectando el acceso a servicios y oportunidades económicas. Esto amplía la brecha no solo digital, sino también productiva, perpetuando desigualdades históricas.
Mazzucato propone reorganizar al Estado en torno a misiones nacionales, lo que requiere una coordinación efectiva entre diversas entidades como secretarías, empresas públicas y el sector privado. Esta innovación debería dejar de ser monopolio de una sola dependencia para convertirse en un principio horizontal del gobierno.
Sin embargo, el diagnóstico revela que México no cuenta con un laboratorio de innovación robusto y su infraestructura digital es insuficiente, especialmente en el sur y sureste del país, donde la conectividad sigue siendo un desafío. Formación continua en el sector público es esencial; sin un capital humano adecuado y sostenible, los avances en lo digital no perdurarán.
Finalmente, Mazzucato destaca que la brecha digital no solo es un tema de desigualdad social, sino un obstáculo directo para el desarrollo productivo. Sin una conexión universal, la digitalización gubernamental y la innovación regional serán inalcanzables.
Como resumen de sus propuestas, el foco debe estar en construir capacidades permanentes dentro del Estado, apoyando una innovación institucional sostenida. A pesar de la creación de la Secretaría de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación, el presupuesto aún refleja una respuesta insuficiente a los desafíos planteados.
México se encuentra en un punto crucial, donde la capacidad estatal para transformar el panorama digital y productivo del país será determinante para cumplir sus ambiciosas metas. Sin una transformación efectiva, el riesgo de repetir ciclos de promesas sin resultados palpables se incrementa. La construcción de un Estado capaz de integrar la tecnología en su funcionamiento es el primer paso hacia la creación de valor público.
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