Dos contratistas estadounidenses, empleados por la firma UG Solutions, han denunciado el uso de munición real, granadas aturdidoras y gas pimienta contra civiles palestinos durante la distribución de ayuda humanitaria en Gaza. Las declaraciones, dadas bajo condición de anonimato a la agencia Associated Press (AP), ofrecen una visión interna inédita de la operación encabezada por la controvertida Fundación Humanitaria de Gaza (GHF).
Los contratistas proporcionaron a la AP videos, mensajes de texto e informes internos que documentan acciones violentas por parte del personal de seguridad contratado para proteger los centros de distribución. Según su testimonio, las tácticas empleadas incluyen disparos indiscriminados, incluso cuando no hay amenazas visibles a la seguridad.
Uso excesivo de la fuerza y víctimas civiles
Imágenes verificadas por AP muestran a palestinos amontonados entre verjas metálicas, agachándose ante los disparos y alejándose del humo de las granadas. En una de las fotos se observa a una mujer palestina herida en la cabeza, aparentemente por el impacto de una granada aturdidora, mientras se encontraba en un carro tirado por un burro.
Uno de los contratistas relató que se permitió la entrada de un tanque israelí a uno de los sitios de ayuda como una “demostración de fuerza” para dispersar a la multitud. En otro video, contratistas armados disparan desde un montículo mientras se oyen vítores fuera de cámara, celebrando haber alcanzado a un civil.
Los denunciantes aseguran que, en muchas ocasiones, el uso de balas reales y agentes químicos ocurrió sin provocación alguna. Según datos internos, durante una sola jornada de distribución se utilizaron 37 granadas aturdidoras, 22 proyectiles de goma y 60 botes de gas pimienta.
Críticas a la Fundación Humanitaria de Gaza
La GHF, respaldada por Estados Unidos e Israel, ha sido objeto de críticas desde su creación. La ONU y múltiples organizaciones humanitarias se han negado a colaborar con la fundación, argumentando que sus métodos vulneran los principios fundamentales del trabajo humanitario y que su modelo, a diferencia del sistema de la ONU, involucra personal armado.
El director fundador de la GHF, Jake Wood, dimitió antes del inicio de las operaciones, citando preocupaciones sobre la imparcialidad de la organización.
Reclutamiento sin control y protocolos inadecuados
Los contratistas también revelaron graves fallas en el proceso de reclutamiento. Aseguran que muchos guardias fueron contratados con poca antelación, algunos incluso mediante correo electrónico, sin experiencia en combate ni entrenamiento adecuado. Denuncian que muchos de los empleados no sabían manejar armas con seguridad ni habían sido evaluados.
Un informe de Safe Reach Solutions (SRS), empresa logística asociada, indica que las reglas de enfrentamiento se entregaron al personal tres días después del inicio de la operación, y permiten el uso de fuerza no letal e incluso letal bajo ciertas condiciones, algo que contradice estándares internacionales.
Decenas de muertos y heridos en la espera de ayuda
Desde el lanzamiento de la GHF, fuentes médicas en Gaza han informado que cientos de personas han muerto o resultado heridas mientras esperaban ayuda humanitaria. Solo durante la noche del pasado jueves, al menos 82 palestinos fallecieron en bombardeos y tiroteos, de los cuales 38 esperaban alimentos o medicinas. Cinco de ellos murieron frente a instalaciones vinculadas a la GHF.
El Ejército israelí ha afirmado que sus disparos han sido únicamente de advertencia para controlar a las multitudes, mientras que SRS sostiene que operan en un entorno seguro y niegan excesos. Sin embargo, el testimonio de los contratistas y los materiales entregados a AP cuestionan estas afirmaciones.
Una ayuda humanitaria convertida en zona de conflicto
Para los denunciantes, los hechos presenciados son “irresponsables y peligrosos”. “Hay gente inocente herida. Gravemente. Innecesariamente”, expresó uno de ellos.
En medio de un bloqueo humanitario severo y restricciones al acceso periodístico internacional, estas revelaciones ofrecen una mirada crítica al manejo de la ayuda humanitaria en Gaza, donde los centros de distribución parecen haberse transformado en nuevas zonas de riesgo para la población civil.
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