El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha generado una nueva controversia con sus declaraciones sobre la salud pública. Esta semana, ha instado a las mujeres embarazadas a evitar el uso de paracetamol, conocido en el país como Tylenol, y a posponer la aplicación de varias vacunas infantiles, incluyendo la hepatitis B y la triple viral (que protege contra sarampión, paperas y rubéola). Este llamado ha suscitado preocupación debido a la falta de respaldo científico que avale sus afirmaciones.
En una reciente rueda de prensa en la Casa Blanca, Trump afirmó que el consumo de paracetamol durante el embarazo podría estar relacionado con un aumento en los casos de autismo en los niños. Aunque se declaró no ser médico, sugirió que “más vale evitarlo” y propuso dividir la vacuna triple viral en dosis separadas, al tiempo que sugirió esperar hasta después de los 12 años para aplicar la vacuna contra la hepatitis B.
La postura del presidente contradice las recomendaciones de organismos internacionales como la OMS y la Agencia Europea de Medicamentos, que han señalado que no hay evidencia concluyente que conecte el uso de paracetamol con el autismo. Estas instituciones subrayan que el paracetamol puede ser utilizado en las dosis más bajas cuando sea necesario, sin prohibir su uso.
En sus publicaciones en redes sociales, Trump reiteró: “Mujeres embarazadas, no usen Tylenol a menos que sea absolutamente necesario, no le den Tylenol a sus hijos pequeños por ningún motivo”. Este tipo de declaraciones han sido duramente criticadas por la comunidad médica, que las considera desinformación peligrosa. Arthur Caplan, director de ética médica de la Universidad de Nueva York, ha advertido que tales afirmaciones pueden incrustar un temor injustificado en las mujeres embarazadas, quienes podrían sentirse culpables por tomar medidas razonables para manejar su salud durante el embarazo.
Además, Trump cuestionó la necesidad de vacunar a los recién nacidos contra la hepatitis B, enfermedad altamente contagiosa que puede transmitirse de madre a hijo durante el embarazo o el parto. “No hay razón para vacunar contra la hepatitis B a un bebé que acaba de nacer”, insistió.
Esta situación recuerda a las controversiales afirmaciones realizadas por Trump durante los inicios de la pandemia de COVID-19, donde minimizó los riesgos del virus y promovió tratamientos no verificados. Su estilo de comunicación ha provocado confusión y desconfianza en momentos críticos de salud pública.
El impacto político y social de sus comentarios es significativo, en un momento en que su secretario de Salud, Robert Kennedy Jr., busca revisar la política de vacunación infantil a raíz de lo que él llama una “epidemia de autismo”. Expertos advierten que mensajes como los de Trump pueden erosionar la confianza en los programas de vacunación, vitales para evitar brotes de enfermedades que tienen un potencial de transmisión incluso durante el parto.
Este contenido refleja un complejo y sensible panorama en la intersección entre política, salud pública y ciencia, donde las repercusiones de las afirmaciones de personalidades influyentes pueden moldar las creencias y decisiones de un amplio sector de la población. La información aquí presentada es precisa hasta la fecha de publicación (2025-09-27 09:06:00).
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