En un reciente análisis sobre el sistema del arte, se destaca que este está modulado por el compadreo y el silenciamiento de las violencias. Según el estudio, existe una red de relaciones y jerarquías en el mundo del arte que favorece a ciertos artistas mientras margina a otros, creando desigualdades y perpetuando situaciones de injusticia.
El compadreo, entendido como el favoritismo o la preferencia hacia ciertos artistas por parte de galerías, críticos y curadores, limita las oportunidades de muchos creadores que no forman parte de este círculo privilegiado. Esta práctica puede llevar a la exclusión de talentos emergentes y a la perpetuación de un sistema cerrado en el que las voces disidentes o críticas son silenciadas.
Por otro lado, el silenciamiento de las violencias alude a la falta de visibilidad y reconocimiento de las problemáticas sociales y políticas presentes en las obras de arte. Muchas veces, se prefiere ignorar o minimizar el impacto de obras que abordan temas incómodos o controvertidos, lo que limita la diversidad de discursos y perspectivas en el ámbito artístico.
En definitiva, el análisis pone de manifiesto la necesidad de cuestionar y transformar las estructuras de poder y dominio en el mundo del arte, promoviendo la inclusión, la diversidad y la equidad. Solo así se podrá construir un sistema artístico más justo y democrático, que reconozca y valore la multiplicidad de voces y expresiones que existen en nuestra sociedad.
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