En un giro inesperado, el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía ha revocado la condena a cuatro años de prisión impuesta a un anticuario español en un caso que ha capturado la atención de expertos en arte y el público en general. Este proceso se remonta al año 2018 y gira en torno a una escultura de madera barroca de cinco pies de altura, conocida como Santa Margarita de Cortona, obra del artista granadino José de Mora, que residía en el convento de Nuestra Señora de los Ángeles de Granada desde su fundación en 1538.
El convento cerró sus puertas en 2018, y una monja llamada Josefa llegó con un decreto del Vaticano que le asignaba la tarea de transferir los bienes del convento a otras instituciones. Sin embargo, se ha alegado que tomó decisiones unilaterales, vendiendo varios objetos de valor sin la aprobación adecuada.
Santos Boy Jiménez Cortés, un anticuario de Alagón, cerca de Zaragoza, adquirió la escultura por €21,600 (aproximadamente $25,500). Aunque en ese momento no sabía exactamente la importancia de la obra, su perspicacia se vio retribuida al venderla a la Galería de Arte Nicolás Cortés en Madrid por €90,000 ($106,250). Un informe de expertos elevó su valoración a €350,000 ($413,200), y con permisos de exportación del Ministerio de Cultura valorando la escultura en €400,000 ($472,200), se exhibió en TEFAF Nueva York en 2019.
Sin embargo, procesos legales posteriores revelaron que el convento no podía libremente comerciar sus bienes debido a una ley de patrimonio de 1985. La situación comenzó a agravarse cuando un visitante a un anticuario en Madrid identificó un banco como perteneciente al convento granadino, lo que llevó a la policía a investigar. En este punto, las monjas solicitaron a Jiménez Cortés la restitución de los objetos vendidos, pero ya era demasiado tarde: la escultura se encontraba en Nueva York.
En 2024, y tras un juicio, Jiménez Cortés fue condenado por la apropiación indebida de la obra. Sin embargo, él apeló la sentencia y el tribunal finalmente decidió anularla, describiendo el testimonio de las monjas como “dudoso” y “difícil de creer”. La corte observó que las monjas presentaron versiones contradictorias de los hechos, alegando que en lugar de vender la escultura, le habían pedido al anticuario que preparara un presupuesto de restauración. Sin embargo, un especialista testificó que la pieza no necesitaba restauración, reforzando así la versión de Jiménez Cortés.
Además, las monjas acusaron al anticuario de haber devuelto una copia en lugar de la escultura original. A este respecto, la corte determinó que la supuesta copia no habría engañado a nadie, y destacó que Jiménez Cortés había reembolsado a las monjas el monto original que habían pagado, lo que suscitaba dudas sobre su intención de falsificar.
Hoy en día, la Santa Margarita de Cortona ha regresado a su lugar de origen y se encuentra en el Museo de Bellas Artes de Granada. Mientras tanto, el convento ha sido vendido a la orden budista de la Nueva Tradición Kadampa.
Esta serie de eventos destaca no solo las complicaciones del comercio de arte, sino también la compleja intersección entre el patrimonio cultural y las regulaciones legales. En un mundo donde el valor de las obras de arte puede dispararse, la historia de esta escultura es un recordatorio palpable de las realidades en juego y los dilemas morales que acompañan al arte y su legado.
Gracias por leer Columna Digital, puedes seguirnos en Facebook, Twitter, Instagram o visitar nuestra página oficial. No olvides comentar sobre este articulo directamente en la parte inferior de esta página, tu comentario es muy importante para nuestra área de redacción y nuestros lectores.


