El curso 2021-2022, el tercero golpeado por la pandemia, se iniciará este mes de septiembre con cerca de la mitad de los alumnos de 12 a 18 años vacunados frente al coronavirus y con una buena parte del resto con el primer pinchazo recibido. Entre el día 6 (en La Rioja) y el 15 (en Galicia, Castilla y León, y Andalucía), más de 3,1 millones de estudiantes de Educación Secundaria Obligatoria (ESO), Bachillerato y Formación Profesional (FP) de Grado Medio retomarán la actividad académica en un entorno muy distinto al de hace un año —cuando las vacunas aún estaban en fase de investigación, mientras ahora hay más de 30 millones de españoles con la pauta completa—, pero sin demasiados cambios prácticos en el día a día.
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Gobierno central y comunidades se reúnen este miércoles para debatir y revisar los planes acordados el pasado mes de mayo para el próximo curso, que prevén el mantenimiento de buena parte de las medidas de protección (como la mascarilla para los mayores de seis años), aunque algunas regresarán a los tiempos prepandemia, como las ratios de alumnos por clase.
Unos planes que ahora la amenaza de la variante delta, más contagiosa, pueden obligar a cambiar, aunque los expertos se muestran confiados con que sean suficientes para repetir el éxito del curso pasado, en el que España logró mantener las aulas abiertas.
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“Mi consejo sería que todos los colegios e institutos hagan más o menos lo mismo que el año pasado. Aún es pronto para levantar medidas como las mascarillas y la distancia física. Tenemos una circulación del virus demasiado elevada y aunque los porcentajes actuales ayudarán, será necesario tener a casi toda la población de 12 a 19 años vacunada y una incidencia más baja antes de relajarlas”, explica Santiago Moreno, jefe de enfermedades infecciosas del Hospital Ramón y Cajal (Madrid).
Elena Vanessa Martínez, presidenta de la Sociedad Española de Epidemiología (SEE), destaca que la buena gestión realizada por los centros educativos hace un año deberá mantenerse este curso. “Fue algo admirable, nos dieron una lección a todos. Colegios e institutos nos demostraron que si las cosas se hacen bien, los resultados son buenos. Ahora tenemos una variante más contagiosa, pero se propaga de la misma forma. Así que si se aplican las mismas medidas, el virus seguirá sin poder circular en los centros educativos”, resume Martínez, que pese a todo lamenta que se “vuelva a las ratios por clase anteriores a la pandemia”.
Según el último informe del Ministerio de Sanidad, correspondiente a este viernes, un 55,4% de los 3,9 millones de ciudadanos de 12 a 19 años ya han recibido la primera dosis de las vacunas de Pfizer y Moderna. La separación entre pinchazos de la primera es de 21 días y de la segunda, de 28, así que la previsión —algunos adolescentes de esta edad ya han dejado los estudios— es que cerca de la mitad hayan completado la pauta cuando regresen a las aulas o lo hagan en sus primeros días de clase. Entre el resto, muchos habrán recibido el primer pinchazo, que a partir del décimo día empieza a dar una protección parcial.
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Más alto será el porcentaje —aunque no es posible estimar datos precisos— de inmunizados entre los cerca de dos millones de universitarios y estudiantes de FP, mayores de 18 años. Aunque los grupos de edad entre los ciclos formativos y los recogidos en la estrategia de vacunación no coinciden, los veinteañeros que ya han recibido la primera dosis (y tendrán la pauta completa con el regreso a las aulas) superaba este viernes el 69%.
No hay vacuna aprobada todavía para los menores de 12 años, edad que coincide con los ciclos de infantil y primaria (casi 4,5 millones de alumnos). “Los niños entre seis y 12 deberán por ahora mantener medidas como la mascarilla para evitar que el virus circule entre ellos y puedan transmitirlo a los mayores vulnerables. Aunque gran parte de sus padres y abuelos estén ya vacunados, hay grupos importantes de población a los que todavía hay que proteger. Son los inmunodeprimidos y el 5% de personas que no desarrolla inmunidad pese a haber recibido la vacuna”, explica Santiago Moreno.
El jefe de infecciosas del Hospital Ramón y Cajal pone como ejemplo los pacientes ingresados en su centro: “Cerca de la mitad son personas que habían recibido las dos dosis, un 20% solo una y el 30% no se habían vacunado todavía. No es que las vacunas no estén funcionando, al contrario, han salvado miles de vidas. Pero con la alta incidencia actual, si al 5% al que la vacuna no ha protegido le sumas los inmunodeprimidos y quienes aún no han recibido la pauta completa, son mucha gente que todavía es vulnerable”, añade este experto.
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José Luis Barranco, portavoz de la Sociedad Española de Medicina Preventiva, Salud Pública e Higiene (SEMPSPH) recuerda que “cada vez que se ha pensado que se le había ganado terreno al virus y se han relajado medidas, este ha contestado con una nueva ola de contagios”. Pese a ello, este especialista se muestra optimista: “Tenemos la experiencia del curso anterior, donde hubo muy pocos contagios y brotes, lo que nos demuestra que las cosas se hicieron bien. Es verdad que la variante delta es más contagiosa, pero yo espero que si las cosas se hacen de la misma forma, los niveles de circulación del virus en los centros educativos van a poder controlarse”.
Ningún especialista se atreve a hacer una previsión sobre cuando podrá decirse adiós a las medidas de prevención y las mascarillas. Primero, coinciden, habrá que ver cómo va el arranque del curso y a partir de ahí ir tomando decisiones según los datos que vayan surgiendo dentro y fuera de las aulas.
La comunidad educativa arrancó el pasado curso con incertidumbre, pues los más de ocho millones de escolares no se habían vuelto a encontrar en las aulas desde mediados de marzo y tenían que convivir en espacios reducidos. Los ministerios de Sanidad y Educación —coordinados con las autonomías— establecieron un protocolo muy estricto que obligaba a juntar menos alumnos en clase para mantener las distancias —se contrató a más profesores—, a airear a todas horas, a llevar mascarilla los mayores de seis años y a confinar a la clase entera (en la mayoría de autonomías) cuando se detectaba un positivo en un grupo burbuja. Y la fórmula funcionó.


