Argentina vive una de sus peores crisis alimentaria derivada de la inflación que alcanza el 104 por ciento, por lo que las familiaras padecen el incremento de la canasta básica, principalmente verduras, pollo, carne de red, entre otros insumos.
La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) advirtió esta semana que América Latina es la región donde más se han encarecido los alimentos en el último año, casi 13 puntos más que la segunda, Asia. El Gobierno de Alberto Fernández argumenta que la guerra de Ucrania y la peor sequía en 60 años están detrás de la escalada inflacionaria en la canasta alimentaria, pero en la calle crece la indignación.
“Ya no se sabe si un producto es caro o no lo es. Todo aumenta tanto que se pierden las referencias de los precios. Yo intento comprar sólo ofertas, voy de un local a otro buscando, pero aun así la plata no alcanza”, señala María Inés, ama de casa de 59 años que hace fila en la verdulería de la feria itinerante, presente cada día en un barrio. “Cada viernes vengo acá porque es un poco más económico y compro todo lo que puedo”, asegura este viernes al mediodía en la Plaza 25 de agosto. “Es una vergüenza que no controlen los precios, que el Gobierno no haga nada, Argentina es un país productor de alimentos”, se suma a la conversación Jimena, jubilada de 64 años.
De acuerdo los últimos datos oficiales, en febrero la canasta alimentaria básica de una pareja con dos hijos ascendía a 80.483 pesos (365 al cambio oficial, 200 al extraoficial). Ahora, dos meses después, nadie duda que supera los 90.000, por arriba de los 80.342 del salario mínimo actual. El 8,1% de la población argentina es indigente, es decir, sus ingresos no le alcanzan ni para comprar comida. Casi cuatro de cada diez habitantes del país son pobres porque no ganan lo suficiente para alimentarse, vestirse y hacer frente a los gastos de vivienda, salud y educación.
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