En la madrugada del último fin de semana de mayo de 2026, la pesadilla se hizo realidad para Nicole Soalala y su familia en las afueras de Toliara, una ciudad costera del sur de Madagascar. Tres hombres armados irrumpieron en su hogar, golpeando a su esposo hasta dejarlo inconsciente. Con valentía, Soalala tomó a su hija menor, Landricia, de apenas 18 meses y con albinismo, atándola a su espalda con una tela. Sin embargo, los atacantes le arrebataron a la niña, y días después, su cuerpo sin cabeza fue encontrado por un curandero, mientras su cabeza apareció en una maleta a dos kilómetros del lugar del rapto. Este desgarrador crimen es solo un ejemplo de una ola de violencia que ha sacudido a las personas con albinismo en Madagascar.
A lo largo de 2026, al menos 13 personas con albinismo han sido asesinadas en el país, todas decapitadas. La organización Albinos Madagascar, fundada hace apenas cuatro años, confirmó que diez de estas víctimas eran menores de entre nueve meses y 14 años. Este alarmante aumento en los crímenes marcó el año como el más violento registrado para esta comunidad vulnerable.
El albinismo, una condición genética que afecta la producción de melanina, tiene una prevalencia notable en el África subsahariana, afectando a más de una de cada 4.000 personas. En Madagascar, la mirada de las personas con albinismo se convierte en un objetivo debido a creencias locales que afirman que partes de sus cuerpos pueden generar riqueza y buena fortuna. Los niños son especialmente vulnerables, ya que se cree que su inocencia potencia el efecto de estos preparados.
Fulgence Soja, presidente de Albinos Madagascar, describió la situación en el país como “muy crítica, muy cruel”. Las redes criminales involucradas en estos actos son complejas, a menudo compuestas por familiares y vecinos de las propias víctimas. La impunidad es común; muchos de los responsables escapan de la justicia, mientras que solo se detiene a los intermediarios.
Madagascar se enfrenta además a un contexto de pobreza extrema y inestabilidad política; cerca del 80% de su población vive con menos de USD 2,15 al día. La crisis climática ha acentuado esta situación, con sequías e inundaciones que devastan los cultivos. Desde las protestas juveniles de octubre de 2025 que llevaron a la destitución del presidente Andry Rajoelina, el coronel Michael Randrianirina asumió el cargo como líder de un gobierno de transición. Este escenario de fragilidad institucional ha intensificado la desesperación y la vulnerabilidad de sus habitantes.
Sabina Lauber, asesora senior de derechos humanos de la ONU, atribuye el aumento de la violencia contra las personas con albinismo a un entorno de desesperación. “Madagascar es uno de los pocos países donde todos los indicadores de bienestar han retrocedido en la última década”, comentó. Este contexto de deterioro ha llevado a algunos a recurrir a prácticas dañinas para sobrevivir.
Recientemente, la violencia se ha extendido más allá de las zonas rurales hacia las ciudades. Tohovery Razakamanana, funcionario de derechos humanos de la ONU, advirtió que los ataques ya no son exclusividad de las áreas más empobrecidas y afectan a comunidades que antes se consideraban seguras.
Odette, una joven de 20 años que vive en el norte del país, comparte su terror diario tras el asesinato de su primo Marcellin, también con albinismo. Ahora, su vida está marcada por el miedo, y su sueño se ve truncado al compartir un colchón con familiares en un espacio reducido.
Frente a la presión pública, el gobierno ha implementado acciones limitadas, como enviar guardias personales para perseguir a los responsables y abrir un centro de refugio. Sin embargo, muchos abogan por un enfoque más integral que incluya un censo de personas con albinismo y campañas de educación. “Incluso personas educadas en la capital desconocen que el albinismo es una condición genética”, señala Razakamanana.
La lucha por la vida y la dignidad de las personas con albinismo en Madagascar continúa, mientras sus familias sufren la pérdida y el miedo diario. La necesidad de una respuesta contundente es urgente, y la comunidad internacional sigue atenta ante esta cruel realidad.
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