En un contexto de creciente tensión en Medio Oriente, que ha impactado los precios internacionales del petróleo, Perú enfrenta su propia crisis energética: el suministro de gas natural ha sido declarado en emergencia. Esta medida, implementada por el Ministerio de Energía y Minas, surgió tras la suspensión del transporte de gas por una fuga y una posterior deflagración en el gasoducto operado por Transportadora de Gas del Perú (TGP) en la región de Cusco.
La situación es crítica; el gobierno ha declarado que esta emergencia durará hasta 14 días, desde el 1 hasta el 14 de marzo de 2026. Esto ha llevado a la activación de un racionamiento, priorizando el suministro de gas natural a consumidores residenciales y comerciales regulados, un paso necesario ante la imposibilidad de contar con un flujo constante de este recurso.
Desde que se anunció el estado de emergencia, las calles de la capital peruana se han visto inundadas de vehículos en largas filas, intentando abastecerse de gas. La escasez ha motivado a diversas organizaciones, como la Sociedad Peruana de Hidrocarburos (SPH) y la Sociedad Nacional de Industrias (SNI), a solicitar al gobierno que permita el uso de fuentes alternativas de energía, como el GLP y el diésel, para asegurar la continuidad de la producción industrial mientras se soluciona el problema del gas natural.
Además, frente a esta crisis, Petroperú ha decidido incrementar los precios de productos como el diésel y el GLP. En medio de la inestabilidad en la cotización del petróleo, que el 3 de marzo alcanzó cerca de 77.98 dólares por barril, estos aumentos son preocupantes. Los nuevos precios reflejan incrementos significativos: el diésel B5 UV vio un aumento del 4.84%, mientras que los gasoholes regular y premium subieron un 1.58% y 3.15%, respectivamente.
La situación puede empeorar aún más si ocurren bloqueos físicos en el transporte marítimo, algo que podría llevar los precios a niveles históricos, estimados en hasta 140 dólares por barril, según proyecciones de Oxford Economics. Pedro Gamio, exdirector de Petroperú, advierte sobre las repercusiones que la crisis en Medio Oriente podría tener en Perú, lo que resalta la fragilidad del plan de contingencia nacional ante la complejidad de la situación.
El futuro energético del país está en la cuerda floja. La combinación de una crisis interna por la falta de gas natural y la inestabilidad en los mercados internacionales plantea interrogantes sobre cómo Perú gestionará esta situación y garantizará el acceso a la energía necesaria para su población y su economía.
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