Los recientes ataques israelíes contra instalaciones militares y nucleares en Irán han desencadenado una intensa agitación en los mercados financieros a nivel global, tal como se temía. La ofensiva, que comenzó el jueves y continuó durante el fin de semana, incluyó bombardeos en las principales instalaciones de enriquecimiento de uranio en Teherán y otros puntos estratégicos. El asalto dejó un saldo trágico, incluyendo la pérdida de altos mandos de la Guardia Revolucionaria Islámica.
La respuesta de Irán no se hizo esperar. Una serie de misiles y drones fueron lanzados hacia Tel Aviv y diversas ciudades del norte de Israel, provocando víctimas civiles y el cierre del espacio aéreo en varios países de la región, entre ellos Israel, Irán, Irak y Jordania. La situación se volvió más tensa cuando un legislador iraní sugirió el posible cierre del estrecho de Ormuz, vital para el comercio de petróleo, y se anunciaron interrupciones en algunas exportaciones hacia Europa.
El impacto inmediato en los mercados fue palpable: el crudo Brent experimentó un aumento de más del 7% el viernes, acumulando un alza semanal del 11%, alcanzando niveles no vistos desde 2023. Las bolsas de Europa, Asia y Estados Unidos sufrieron caídas que oscilaron entre el 1% y el 2%. Asimismo, el oro se revalorizó un 3%, y monedas como el dólar, el yen y el franco suizo se fortalecieron. Las acciones de aerolíneas, como Lufthansa y Air France–KLM, cayeron entre un 3% y un 5% debido al aumento del costo del combustible y las restricciones de vuelo. También se observó un retroceso en las acciones de fabricantes de automóviles y navieras, en anticipación a una desaceleración del comercio global.
En este marco, México no escapó a las repercusiones. El peso se debilitó ligeramente frente al dólar, alineándose con otros mercados emergentes que comienzan a perder atractivo ante el aumento del riesgo global. El Índice de Precios y Cotizaciones (IPC) también mostró un descenso notable.
La situación más alarmante reside en el ámbito energético: un cierre del estrecho de Ormuz podría llevar los precios del petróleo a nuevas alturas y, en consecuencia, provocar un aumento de la inflación en México. Esto es especialmente preocupante dado que el país depende en gran medida de las importaciones de gasolina desde Estados Unidos. Un alza sostenida del petróleo encarecería el transporte de mercancías, incrementaría los costos de distribución de alimentos y haría más caros los insumos industriales, como los fertilizantes. Las empresas tendrían que trasladar estos costos al consumidor final. Si el gobierno decide contener estos incrementos a través de subsidios, el costo fiscal aumentaría considerablemente.
La crisis actual en el Medio Oriente representa no solo un desafío militar, sino también una nueva amenaza económica que, como es habitual, afectará a los más vulnerables. Países como México, que cuentan con márgenes fiscales limitados, dependen de importaciones energéticas, tienen monedas poco sólidas y enfrentan altas tasas de interés, se verán gravemente perjudicados. A pesar de los esfuerzos por mantener reservas internacionales y una política monetaria prudente, México enfrenta un bajo crecimiento, un sistema fiscal que necesita reformas importantes, alta informalidad laboral y un gobierno lleno de promesas de gasto que carece de los recursos necesarios para cumplirlas. Dicha solución podría llegar solo con una reforma fiscal sustancial, pero, hasta ahora, las autoridades parecen reticentes a asumir el costo político de actuar en consecuencia.
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