El pasado 23 de agosto de 2026, la situación del sector inmobiliario en China adquirió un nuevo giro tras la condena a cadena perpetua de Hui Ka Yan, el fundador de China Evergrande, quien llegó a ser el hombre más rico de Asia. Esta sentencia, sin embargo, no marca el fin de una crisis que ha perdurado durante más de seis años, afectando a millones de hogares y a la estabilidad de la segunda economía más grande del mundo.
El desplome del mercado inmobiliario sigue siendo un peso considerable para la economía china. Las ventas y la construcción de propiedades se están desacelerando de manera preocupante. En todo el país, millones de viviendas parcialmente construidas quedan deshabitadas, y la recuperación de los precios de las viviendas nuevas en metrópolis como Beijing y Shanghái se ha detenido, mientras que las ventas de terrenos continúan en descenso.
Particularmente en las ciudades más pequeñas, el precio de las viviendas de segunda mano ha caído cerca del 25% desde 2020, lo que repercute negativamente en el consumo. La economía china creció un 4.3% en el segundo trimestre de 2026, el ritmo más lento en más de tres años, generando inquietudes sobre su futuro.
El debilitamiento del sector inmobiliario también está cambiando la dinámica del crecimiento basado en la demanda interna. A medida que el sector se contrae, China recurre cada vez más a sus exportaciones para sostener su economía. Desde 2019, el superávit comercial se ha duplicado, lo que ha suscitado tensiones comerciales con la Unión Europea y los Estados Unidos, aumentando los temores sobre lo que algunos han denominado un “shock chino 2.0”, donde las exportaciones desplazarían a las industrias locales en los mercados de sus socios comerciales.
Los analistas, como Sam Radwan, CEO de una consultora inmobiliaria en Chicago, muestran un pesimismo cauteloso. Aunque Radwan resalta que el problema es sistémico y que no hay soluciones a la vista, estima que la liquidación del inventario de viviendas podría llevar hasta 18 meses, con la necesidad de que los precios bajen un 40% más hasta alcanzar un equilibrio, lo que podría extenderse durante una década. Por otro lado, otros analistas, como Christopher Beddor, prevén que no habrá un empeoramiento significativo en el corto plazo, sugiriendo una corrección gradual de precios que eventualmente estabilice el mercado.
El cambio en la administración del sector también es notable. Con la mayoría de las empresas inmobiliarias privadas en quiebra, las empresas estatales ahora dominan el mercado, lo que implica un aumento en la supervisión estatal. Un funcionario de un gran banco estatal comentó que, en la práctica, los préstamos a promotores privados han cesado, priorizando a las empresas estatales.
La condena de Hui Ka Yan ha generado un aluvión de reacciones en las redes sociales chinas, donde muchos consumidores cuestionan la justicia de una sentencia que algunos consideraban insuficiente, dada la gravedad de sus delitos. El desconcierto entre los propietarios es palpable; como mencionó un dueño de casa en Shandong, el valor de su propiedad ha caído un 25% desde su compra en 2019, un eco del dolor que todos sienten en este complicado panorama.
Mientras la situación sigue evolucionando, el llamado a la acción y la discusión sobre el futuro del sector inmobiliario en China continúa, con millones de ciudadanos observando atentamente, conscientes de la incertidumbre que aún se cierne sobre ellos.
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