La economía mundial enfrenta un panorama complejo que se refleja en el comportamiento de los precios del petróleo y su repercusión en el mercado mexicano. Recientes declaraciones de Donald Trump, donde afirma que los precios del crudo caerán al finalizar la incertidumbre en torno a la amenaza nuclear de Irán, se producen en un contexto donde el precio del barril de Brent ha rozado los 102 dólares, y el WTI ha llegado a los 101, cifras que no se habían visto desde la invasión de Ucrania por parte de Rusia. Esta situación se complica aún más con la reducción del tráfico de petroleros en el estratégico Estrecho de Ormuz.
El panorama inflacionario en México es igualmente preocupante. En febrero, la inflación general se situó en 4.02%. Entre los alimentos, el limón se disparó un 25.97%, el jitomate un 22.51% y la papa un 20.86%. La inflación subyacente alcanzó el 4.50%, con un notable aumento en costos tanto en restaurantes y fondas, donde la clase trabajadora se ve afectada con un incremento del 7.22%, como en las colegiaturas, que subieron un 6.04%. La Canasta de Consumo Mínimo, según datos del Inegi, aumentó un 3.84% anual.
El presidente de la República, Claudia Sheinbaum, ha hecho hincapié en la posibilidad de un mecanismo para mitigar el aumento en el precio de la gasolina a través de una disminución en el Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS). Este impuesto, que normalmente es de 6.70 pesos por litro de gasolina regular, tiene un papel crucial para que los precios internacionales no se reflejen directamente en las gasolineras de México. Sin embargo, se señala que no se otorgó este estímulo durante la semana del 7 al 13 de marzo, resultando en un incremento completo del impuesto. Consecuentemente, el encarecimiento de combustibles impacta el costo del transporte de mercancías, vital para la economía del país.
Las proyecciones no son optimistas. Si el precio del barril supera los 100 dólares por un periodo prolongado, analistas como los de Kpler advierten que podría alcanzar los 150 dólares a finales de marzo si las tensiones en el Estrecho de Ormuz persisten. En un contexto donde el peso ha acumulado una depreciación del 3.5% en la última semana, y el dólar se sitúa en 17.67 pesos, las importaciones se encarecen, añadiendo presión sobre una inflación que ya ha superado las metas establecidas por el Banco de México (Banxico).
El 4.02% de inflación de febrero no parece captar la magnitud de lo que se está viviendo. La combinación del aumento en el precio del limón, el costo del crudo y la situación del dólar construyen un cuadro alarmante. Con la próxima decisión de Banxico sobre la tasa de interés, donde se medirá la necesidad de estimular una economía estancada o la presión de contener una inflación que podría reactivarse, el tiempo correrá para definir cómo México afrontará esta tormenta económica.
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