Una pintura que perteneció al destacado marchante de arte judío holandés Jacques Goudstikker ha sido identificada con éxito y será devuelta a sus herederos. Esta obra, que retrata el interior de la Nieuwe Kerk (Iglesia Nueva) de Ámsterdam y que se cree que fue pintada por el artista del Siglo de Oro holandés Hendrick van der Burgh, tiene una historia inusual.
La revelación de la pintura, que llegó a ser reportada por el diario local, se debió a la colaboración entre el periodista de crímenes John van den Heuvel y el detective de arte Arthur Brand. Ambos trabajaron para descubrir el rastro de esta obra, que había estado perdida durante décadas.
Robert van der Hoek, un residente de Ámsterdam, recordaba haber visto la pintura hace años, cuando la descubrió tirada al borde de la carretera. Al detenerse, vio que estaba en un estado lamentable y decidió salvarla. “Estaba entre un montón de basura, evidentemente destinada a ser retirada por el servicio de limpieza de la ciudad”, relató. La llevó a su casa y la guardó en su sótano durante años.
El interés en la pintura se despertó nuevamente cuando van der Hoek leyó sobre otra obra de Goudstikker, el “Retrato de una joven” de Toon Kelder, que había sido hallada en la familia del comandante de las SS holandesas, Hendrik Seyffardt. Consciente de que la suya debía ser devuelta a los descendientes de Goudstikker, contactó al diario.
Van der Hoek mencionó que la pintura tenía una etiqueta en la parte posterior que decía “Colección Goudstikker” con un número de inventario, logrando que el diario solicitara la autenticación de Brand. Este, tras examinar las imágenes y compararlas con un cuaderno de cuero negro que pertenecía a Goudstikker, confirmó que la obra formó parte de su colección original, y según Brand, fue adquirida alrededor de 1925.
Jacques Goudstikker, al huir de los Países Bajos en 1940 durante la invasión nazi, dejó atrás una colección de aproximadamente 1,400 pinturas, la mayoría de maestros antiguos. Después de un trágico accidente en el barco SS Bodegraven, donde falleció, su colección fue saqueada por los nazis. Tras la guerra, las fuerzas aliadas descubrieron más de 200 obras y, aunque el gobierno holandés retornó algunas en 2006, muchas permanecieron ausentes del legado de Goudstikker por años.
El cuaderno negro, hallado con Goudstikker y considerado clave en la recuperación de sus obras, ha sido vital para el proceso de restitución. En un contexto más amplio, además de las obras de van der Burgh y Kelder, otra pintura recientemente recuperada y asociada a Goudstikker fue identificada en un anuncio inmobiliario en Argentina, lo que subraya la continencia del legado de este comerciante de arte y los esfuerzos por devolver las obras a sus legítimos dueños.
Con cada restitución, la historia de Jacques Goudstikker y su colección cobra nuevo sentido, recordándonos la importancia de la justicia y la memoria en el ámbito del arte.
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