La inversión en México ha experimentado un vaivén notable durante la administración de la Cuarta Transformación (4T). En octubre de 2023, se alcanzó un pico significativo, impulsado por la acelerada construcción del Tren Maya y una refinería emblemática, lo que despertó tanto al sector público como al privado, especialmente en el contexto del nearshoring. Sin embargo, esta fase de crecimiento ha sido efímera, pues las cifras oficiales indican que, desde agosto de 2024, la formación bruta de capital fijo ha caído de manera continua durante ocho meses consecutivos.
A abril de 2025, el desplome se sitúa en un alarmante 7.7% comparado con el año anterior. Esta caída no es simplemente un efecto de circunstancias externas, sino que se origina dentro del país. La redefinición del entorno político, el estrés en las finanzas públicas y la inseguridad han jugado un papel determinante en este cambio de tendencia. El ascenso de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos ha amplificado una situación que ya mostraba signos de deterioro antes de su segundo mandato.
El panorama político tomó forma tras la elección de Claudia Sheinbaum como presidenta. Su victoria, esperada por los mercados y los inversionistas, se vio acompañada por resultados electorales significativos en el Congreso. En agosto de 2024, se hizo evidente que Morena aseguraría una mayoría calificada, gracias a un sistema electoral que, a pesar de las críticas, permitió al partido implementar reformas polémicas que han desmantelado diversos contrapesos en el Poder Judicial.
Hoy, las finanzas públicas se encuentran en un estado crítico. El déficit del 5.7% del PIB, legado de la administración anterior, representa un desafío monumental para la nueva administración. En 2024, se detectó una brecha de casi dos billones de pesos entre ingresos y gastos, obligando al gobierno a tomar medidas drásticas para reducir este déficit.
El primer semestre de 2025 ha demarcado un camino difícil, ya que la inversión pública muestra una notable caída del 29% en comparación con el mismo periodo del año anterior. Esta disminución es la más drástica desde 1995, revela que la administración está decidida a hacer sacrificios económicos en un intento de cerrar la brecha fiscal.
Sin embargo, a pesar de las expectativas de que el desplome de la inversión pública sería compensado por un flujo robusto de inversiones privadas, la realidad es que la incertidumbre ha prevalecido. Los cambios en las políticas arancelarias impulsados por Trump y la inestabilidad relacionada con la reforma del Poder Judicial han frenado la toma de decisiones en el sector empresarial.
En medio de esta crisis, la economía mexicana enfrenta un crecimiento estancado, con un PIB que ronda el cero en los primeros trimestres de 2025 y una generación de empleo formal que ha caído a niveles de dos décadas atrás. Con apenas 87,287 nuevos empleos, el país se enfrenta a uno de sus momentos más desafiantes en tiempos recientes.
La clave para revivir la inversión parece radicar en la comprensión que tengan los inversionistas de estos cambios. Axel Christensen, director de estrategia de inversiones de Black Rock para América Latina, subraya que es crucial identificar las oportunidades que surgen de esta nueva realidad. La manera en que las decisiones políticas se elaboren afectará no solo la economía actual, sino el futuro de las inversiones en el país.
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