En 2019, Lindsay Nunez dejó Chile junto a su esposo y su hijo de tres años, buscando una nueva vida en Australia. Consciente de la importancia del idioma inglés en su nuevo hogar, Nunez tomó la iniciativa de llevar a su hijo a la Biblioteca Lionel Bowen en Maroubra, en el este de Sídney. Este lugar se transformó rápidamente en su “segunda casa”, donde no solo aprendió inglés, sino que también estableció amistades con niños australianos, integrándose en la cultura local.
La experiencia de Nunez destaca el poder transformador de las bibliotecas. “Descubrimos no solo libros y actividades en inglés y español, sino también comunidad”, mencionó. Esta conexión llevó a Nunez a convertirse en voluntaria de la biblioteca, leyendo cuentos en español a los niños, y más tarde, a ser contratada como oficial de proyectos infantiles. Para ella, las bibliotecas son mucho más que un simple acceso a libros; son espacios de conexión y aprendizaje cultural.
Recientemente, un informe ha cuantificado el valor de las bibliotecas públicas en Nueva Gales del Sur, estimando un impacto comunitario de $86.60 por adulto anualmente. Este estudio, encargado por la Biblioteca Estatal de Nueva Gales del Sur, atribuye un valor total de $1.13 mil millones en beneficios comunitarios al año, con $735 millones provenientes de bibliotecas públicas. Según el informe, cada dólar invertido en la Biblioteca Estatal genera $4.25 en beneficios para la comunidad, un hallazgo que resalta el papel vital de estas instituciones en la sociedad.
El estudio se basó en encuestas a 1,900 residentes de Nueva Gales del Sur, revelando la disposición de la comunidad a pagar por diferentes servicios de las bibliotecas. Las respuestas indicaron que los beneficios percibidos superan con creces el costo de ofrecer dichos servicios. “El 40% de los residentes de Nueva Gales del Sur tiene una tarjeta de biblioteca, lo que refleja una increíble membresía”, afirma la bibliotecaria estatal Caroline Butler-Bowdon.
Con 28.2 millones de visitas anuales a las bibliotecas públicas de Nueva Gales del Sur, queda claro que son lugares esenciales que fomentan el acceso a la información y al aprendizaje. Butler-Bowdon también destacó cómo los bibliotecarios responden a 300 consultas diarias, subrayando el papel de estos profesionales en la comunidad como “superhéroes” de la información.
Eamon Waterford, del Committee for Sydney, también enfatiza la necesidad de bibliotecas en una grande y densa metrópoli, instando a que se les asigne la infraestructura adecuada y fondos necesarios para su funcionamiento.
Las bibliotecas públicas evolucionan y se adaptan a las necesidades contemporáneas. Recientemente, algunas, como la Biblioteca de Manly, han adoptado horarios de 24 horas, lo que permite un acceso aún mayor a estudiantes y comunidades. Este fenómeno viene acompañado de un creciente interés entre los jóvenes, quienes buscan espacios tranquilos para estudiar y colaborar en proyectos grupales.
Por su parte, el tesorero de Nueva Gales del Sur, Daniel Mookhey, abordará este tema en una próxima charla, resaltando cómo los beneficios de las bibliotecas superan con creces sus costos. Sostiene que las bibliotecas son una inversión que aporta valor social, cultural y económico.
El mensaje es claro: aunque un reciente informe ha puesto un valor monetario a las bibliotecas, para muchos, incluidas las voces como la de Nunez, el verdadero valor es inestimable. “Invaluable. No tiene precio”, afirmó Nunez, reflejando la esencia y el papel vital que estos espacios juegan en cada comunidad, facilitando no solo el aprendizaje, sino también la bienvenida y el sentido de pertenencia.
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