En diciembre de 2026, cada mexicano y mexicana necesitó, en promedio, 4,818 pesos para acceder a la canasta alimentaria y a bienes y servicios en el ámbito urbano, según datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi). Este monto no solo refleja el costo de la alimentación, sino también la creciente presión económica que enfrenta la población para satisfacer necesidades básicas.
Las Líneas de Pobreza, un referente clave para evaluar el bienestar de la población, muestran que los ingresos de muchas personas están por debajo del umbral necesario para adquirir bienes y servicios esenciales. En contraste, el costo de acceso a estos productos fue significativamente menor en las zonas rurales, donde se requirieron 3,451 pesos.
Durante 2026, el incremento en el precio de la canasta alimentaria y no alimentaria ascendió a un 3.8% en áreas urbanas, superando ligeramente la inflación general de diciembre, que se situó en 3.7%. En el ámbito rural, los precios de estas canastas aumentaron un 3.5%, quedando por debajo de la inflación general, lo que sitúa a las comunidades rurales en una posición relativamente más favorable en cuanto a costos.
Detrás de estos números, los alimentos se ubicaron como el principal factor que contribuyó al aumento de las líneas de pobreza. En el entorno urbano, una persona necesitó alrededor de 2,467 pesos solo para la canasta alimentaria, un 4.4% más que el año anterior. Un aspecto destacado fue el impacto de los alimentos y bebidas consumidos fuera del hogar, donde, en diciembre, se destinó un promedio de 764 pesos a estos gastos. Los productos cárnicos, como el bistec de res y la leche pasteurizada, también jugaron un papel importante en este aumento.
En el ámbito rural, los costos de la canasta alimentaria sumaron 1,854 pesos, lo que significó un incremento del 3% con respecto al año previo. En este contexto, las salidas para comer y beber destacaron nuevamente, con un gasto promedio de 416 pesos en diciembre, seguido por los precios del bistec y la carne molida.
Además del aumento en la canasta alimentaria, varios factores contribuyeron al incremento de las Líneas de Pobreza en las áreas urbanas. La educación, cultura y recreación se incrementaron un 5.7%, y los cuidados personales aumentaron un 6.3%. Estos aspectos esenciales del bienestar cobraron importancia, reflejando una realidad en la que las personas deben destinar más ingresos para mantener un nivel de vida adecuado.
En el ámbito rural, los cuidados personales también representaron un elemento clave, con un crecimiento del 6.2%, mientras que el transporte público creció un 6.6%. Estas cifras indican un panorama complejo para muchos mexicanos que luchan por equilibrar sus ingresos y gastos cotidianos.
A medida que se avanza hacia el año 2027, es crucial observar cómo estos cambios económicos seguirán afectando a la población, especialmente en un contexto de creciente incertidumbre económica y social.
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