Cuatro petroleros con pabellón iraní navegaron el estrecho de Ormuz el pasado lunes, un evento significativo ya que no ocurría desde el 15 de abril de este año, cuando se impuso un bloqueo naval por parte de Estados Unidos sobre los puertos de Irán. Los buques, identificados como Hilda I, Amber, Silvia 1 y Happiness I, transportaban en total siete millones de barriles de crudo, según datos aclarados por la empresa Kpler, especializada en el seguimiento marítimo a través de imágenes satelitales.
Los cargamentos fueron cargados en la isla de Jark, que actúa como la principal terminal petrolera de Irán, donde normalmente transita el 90% del crudo exportado por el país. Sin embargo, los cuatro barcos decidieron cruzar el estrecho con sus transpondedores AIS apagados, una estrategia común de lo que se ha denominado la “flota sombra” de Irán para evadir los sistemas de monitoreo convencionales.
El contexto de esta maniobra, aunque no es nuevo, sí es distintivo. Desde que el 13 de abril comenzó el bloqueo naval, los petroleros iraníes habían detenido sus trayectos tras un intento de desvincularse de la medida, sucedido el 15 de abril. Desde entonces, ningún otro buque con bandera iraní había intentado salir de puertos.
Tradicionalmente, estos barcos redirigen su carga a aguas internacionales cercanas a las costas de Malasia y Singapur, donde los cargamentos se transfieren a otras embarcaciones que completan su ruta hacia los compradores finales. En este sentido, China se destaca como el principal comprador, absorbiendo entre el 80% y el 90% de las exportaciones iraníes, aunque lo hace de manera no oficial. El petróleo iraní suele ser etiquetado como malayo o de origen desconocido en las refinerías independientes chinas, conocidas como “teapots”.
Este método de transferencias encadenadas se ha convertido en un sistema estructural de respuesta a las sanciones internacionales. Los barcos frecuentemente desactivan su AIS, cambian de nombre y bandera, y operan a través de empresas pantalla registradas en jurisdicciones con escasa supervisión. Recientemente, el Departamento del Tesoro de Estados Unidos ha sancionado a algunas de estas empresas marítimas chinas y a refinadoras vinculadas en un intento por estrechar el cerco alrededor de esta red.
El cierre del estrecho, en la práctica desde el 13 de abril, fue una respuesta a las fallidas negociaciones de paz en Islamabad y afecta a todos los buques que intentan entrar o salir de puertos iraníes. Las fuerzas estadounidenses han realizado acciones periódicas para hacer cumplir este bloqueo, incluyendo la inutilización de dos petroleros iraníes que ignoraron las advertencias, así como la destrucción de lanchas rápidas del IRGC en el estrecho.
El conflicto que llevó a esta situación comenzó el 28 de febrero de 2026, cuando Estados Unidos e Israel lanzaron operativos contra instalaciones iraníes. Teherán, en represalia, cerró de facto el estrecho de Ormuz, por donde normalmente circula cerca del 20% del petróleo mundial. La Agencia Internacional de Energía advirtió que en el contexto de esa crisis, el flujo se ha reducido a un goteo, lo que ha generado un aumento significativo en los precios del crudo, superando los 100 dólares por barril.
Recientes imágenes satelitales han mostrado hasta 22 petroleros anclados en Jark, muchos de ellos cargados e imposibilitados de salir, lo que indica que la capacidad de almacenamiento de Irán está al límite. Si los cuatro buques logran completar la transferencia en alta mar, Teherán podría aliviar parte de la presión sobre su sistema exportador; de lo contrario, la situación del país podría llevar a un recorte aún mayor en la producción, condicionado por el levantamiento de las sanciones.
Esta compleja dinámica geopolítica resalta la fragilidad de los intereses energéticos en la región y cómo las disputas políticas pueden impactar directamente los mercados globales.
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