El este de Cuba se vio sacudido por un apagón masivo el pasado jueves, un suceso que desató una ola de protestas en La Habana. Los habitantes de la capital respondieron con cacerolazos y gritos de “¡Prendan las luces!” tras el anuncio del gobierno sobre la agonía de sus reservas de combustible, las cuales, según el ministro de Energía y Minas, Vicente de la O Levy, se habían agotado debido al estricto bloqueo impuesto por Estados Unidos.
Este apagón se une a la crónica de cortes de luz que azotan la isla, con cifras oficiales revelando que el 65% del territorio cubano sufrió apagones simultáneos el martes anterior. La situación ha escalado a niveles alarmantes, especialmente en La Habana, donde los habitantes suelen enfrentar interrupciones eléctricas que superan las 19 horas diarias. La central termoeléctrica Antonio Guiteras, la más grande del país, se quedó fuera de servicio el mismo día en que se intensificaron las protestas.
El malestar social se hizo evidente en San Miguel del Padrón, un barrio de La Habana, donde varios residentes expresaron su frustración golpeando ollas y sartenes. Esa misma noche, protestas similares se replicaron en otros barrios capitalinos. Por su parte, la empresa eléctrica nacional UNE informó que siete de las quince provincias, desde Ciego de Ávila hasta Guantánamo, padecieron desconexiones debido a la crisis.
Cuba ha atribuido su crisis energética al bloqueo de Estados Unidos, el cual ha llevado a una severa escasez de combustible. Desde finales de enero, solo un único petrolero ruso ha podido atracar en la isla, logrando aliviar momentáneamente la crisis en abril. La situación se ve aún más complicada debido a la política fluctuante de Washington, en la que el gobierno estadounidense aplica sanciones severas desde 1962.
A raíz de este estado crítico, Cuba ha manifestado su disposición a evaluar una propuesta de ayuda de 100 millones de dólares ofrecida por Estados Unidos, aunque con la condición de que la distribución de los fondos se realice a través de la Iglesia católica. La respuesta del ministro de Relaciones Exteriores cubano, Bruno Rodríguez, destaca un interés en encontrar soluciones, a pesar de la tensión persistente entre ambos países.
Estados Unidos, por su parte, argumenta que la crisis en Cuba se debe en gran medida a la mala gestión económica interna. Esta narrativa ha sido replicada por figuras diplomáticas como Marco Rubio, quien describe la economía cubana como “roto y disfuncional”. Mientras tanto, las fricciones continúan intensificándose, aunque han mantenido un canal de comunicación abierto, evidenciando la complejidad del escenario geopolítico en la región.
El futuro del suministro energético en Cuba sigue siendo incierto, con una población que clama por soluciones y respuestas ante una crisis que se prolonga en el tiempo. La isla navega en aguas turbulentas, atrapada entre las exigencias internas y las presiones externas que complican aún más su ya frágil economía.
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