Clementina experimenta un profundo miedo al dejar a su madre sola al ir a trabajar. Su mayor temor no es solo la soledad de su madre, sino las caminatas que ella emprende sin rumbo, resultando en momentos de desorientación que han llevado a Clementina a crear folletos y preguntar a vecinos para poder encontrarla. Aunque nunca ha recibido un diagnóstico formal, Clementina sospecha que su madre podría estar lidiando con una forma de demencia.
Este tipo de preocupaciones son comunes en muchas familias mexicanas que enfrentan el reto de cuidar a adultos mayores con demencia. La atención necesaria para estos individuos puede ser financieramente insostenible, especialmente cuando los cuidadores, que suelen ser miembros de la familia, no pueden dejar sus empleos para dedicarse por completo al cuidado.
De acuerdo con la Encuesta Nacional sobre Salud y Envejecimiento en México (Enasem) 2021, un alarmante 62.5% de las mujeres y 56.4% de los hombres mayores de 60 años clasifican su memoria como “mala o regular”, revelando la magnitud del problema que enfrenta el país.
La demencia, en su definición médica conocida como trastorno neurocognitivo mayor (TNC-M), implica un deterioro progresivo e irreversible de funciones cognitivas esenciales, como la memoria y el lenguaje. El Instituto Nacional de las Personas Adultas Mayores (INAPAM) destaca que estos trastornos pueden afectar drásticamente las actividades diarias y generar alteraciones conductuales. Los tipos más comunes en México son la enfermedad de Alzheimer y la demencia vascular, que juntos representan el 90% de los casos.
Las cifras son preocupantes: en la Ciudad de México, se estima que el 14.2% de los adultos mayores presenta algún tipo de demencia, con el 7.8% específicamente diagnosticados con Alzheimer. En términos globales, el costo de atención para la demencia fue de 594 mil millones de dólares en 2020, lo que equivale a un gasto promedio de 10,421 dólares anuales por persona.
En México, con aproximadamente 1.3 millones de personas viviendo con demencia, el gasto anual aproximado llega a los 185,000 pesos, esto frente a una pensión contributiva media de solo 7,362 pesos mensuales, lo que hace del cuidado un desafío financiero considerable para muchas familias. Sin un Sistema Nacional de Cuidados, las familias cubren hasta el 85% de los costos, lo que impacta en su bienestar general.
El diagnóstico temprano y el tratamiento son complicados por la falta de información y estigmas asociados a la salud mental. Los cuidadores, como Clementina, están bajo una considerable presión, enfrentando no solo el desafío financiero, sino también la carga emocional de ver cómo sus seres queridos pierden sus capacidades cognitivas.
El cuidado de personas con demencia requiere una inversión sustancial de tiempo y una capacitación adecuada, con un enfoque que debe incluir no solo atención médica, sino también apoyo emocional para los cuidadores. Aún más, los costos de servicios especializados en geriatría suelen ser prohibitivos, lo que deja a las familias sin opciones viables de asistencia, especialmente en áreas rurales.
Con una proyección que estima que el número de personas con demencia se duplicará para 2050, el desafío del cuidado adecuado se vuelve cada vez más monumental. Un estudio de salud pública advierte que, para ese año, la atención de la demencia podría absorber hasta uno de cada cinco dólares que se gastan en salud a nivel global.
Este contexto subraya la urgencia de generar conciencia y apoyo en torno a esta problemática, esencial para ayudar a las familias que enfrentan estas difíciles realidades. La información aquí presentada refleja datos hasta la fecha de publicación original, el 28 de agosto de 2025, y es crucial seguir monitoreando y actualizando estos desafíos en el futuro.
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