La Secretaría de Cultura de la Ciudad de México ha abordado el pliego petitorio del colectivo “En Defensa de la Casa del Poeta”, estableciendo un camino que busca una conciliación entre las demandas de la comunidad y las decisiones administrativas. La Casa del Poeta Ramón López Velarde, situada en la colonia Roma Norte, ha sido objeto de un intenso debate reciente, no por sus características literarias, sino por la intención de las autoridades de cambiar su nombre y propósito, aspirando a transformarla en “La casa de las palabras” y el primer cabaret público de la ciudad.
En un comunicado de cinco páginas, la titular de Cultura, Ana Francis López Bayghen, reafirma que “la Casa del Poeta Ramón López Velarde mantiene su nombre y su vocación”, buscando calmar temores sobre una posible pérdida del carácter literario del espacio. Este mensaje, sin embargo, se enfrenta a la compleja realidad de la necesidad de diversificar prácticas y públicos. La Secretaría propone abrir el recinto a todas las expresiones literarias, desde proyectos editoriales hasta colectivos, garantizando así “pluralidad y libertad creadora”. El dilema persiste: ¿cómo mantener la tradición sin comprometer la identidad?
Uno de los puntos más comentados del pliego fue la solicitud de gratuidad en el acceso. En respuesta, la Secretaría ha afirmado que se transformará en un centro cultural público y gratuito, incluyendo un museo, una biblioteca y un salón de múltiples usos. Este compromiso es significativo, especialmente en un contexto donde la accesibilidad cultural frecuentemente choca con restricciones presupuestarias.
Otra inquietud gira en torno al Café-Bar “Las Hormigas”, un espacio que las autoridades buscan regularizar para que sirva como punto de encuentro literario. La Secretaría ha dejado claro que no se convertirá en un cabaret, delineando así los límites que se espera respetar dentro del recinto.
La protección del patrimonio documental también se trata de manera seria en el comunicado. Se ha anunciado un plan integral para salvaguardar las colecciones de Efraín Huerta y Salvador Novo, que incluye monitoreo ambiental y catalogación técnica. Aquí se observa una clara intención de preservar lo que considera vital en el ámbito literario.
Un aspecto notable del comunicado es la decisión de reemplazar al actual director, Andrés Carreño. La Secretaría se compromete a nombrar a alguien con experiencia en letras y gestión cultural, lo que implica un reconocimiento de las preocupaciones planteadas por el colectivo.
El contexto histórico del inmueble añade complejidad al debate. La Fundación Casa del Poeta devolvió el edificio en diciembre de 2025, tras la expiración de su permiso en 2021, y ahora está bajo la gestión del gobierno, con diagnósticos de mantenimiento en curso. La Secretaría se ha posicionado como recuperadora institucional del espacio, no como una apropiadora.
En cuanto a la creación de un Consejo Consultivo Comunitario, la Secretaría reconoce su pertinencia, pero advierte que requiere un decreto formal. Proponen, antes de su formación, una etapa de diálogo y escucha, lo que refleja la intención de apertura, aunque condicionada.
El principio rector que se reafirma es el respeto al decreto expropiatorio de 1988. La Casa del Poeta debe funcionar como un “Centro de Estudios Literarios, un Centro Bibliográfico y una Biblioteca de la Poesía”, lo que establece un horizonte claro para su gestión.
Finalmente, la Secretaría convoca a una mesa pública el 18 de junio de 2026 para discutir las inquietudes y construir acuerdos. En sus palabras, “sin perjuicio de las atribuciones legales… la Secretaría reconoce el valor del diálogo”. Esto deja claro que el diálogo, aunque bienvenido, operará dentro de un marco establecido por la autoridad.
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