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Cultura, Inversión y Trabajo Después del COVID

por en CulturaTiempo de lectura: 2 min
Cultura, Inversión y Trabajo Después del COVID

En 2019, un análisis reveló que las organizaciones artísticas en barrios de mayoría BIPOC en una importante ciudad de EE. UU. recibían un 16% menos de financiamiento en comparación con sus contrapartes en vecindarios de mayoría blanca. Sin embargo, para 2022, esa situación había cambiado radicalmente, con un aumento del 289% en los fondos otorgados a estas comunidades históricamente desatendidas. Este cambio significativo en los patrones de financiamiento, que tradicionalmente habían pasado por alto a estas comunidades marginalizadas, no fue un fenómeno casual; fue el resultado de una iniciativa de financiamiento deliberada y bien estructurada en un contexto de crisis nacional.

La llegada de la pandemia de COVID-19 en 2020 no solo alteró la vida cotidiana de millones, sino que también amenazó la supervivencia de organizaciones sin fines de lucro en el ámbito de las artes y la cultura en todo el país. Esta crisis obligó a una reevaluación esencial de cómo se esperaba que estas entidades usaran sus limitados recursos y tiempo. Para el verano de ese año, la presión para replantear las prácticas de financiamiento equitativo se hizo más fuerte y urgente.

Poco después del asesinato de George Floyd, el movimiento Black Lives Matter cobró nueva fuerza, provocando un clamor generalizado por el cambio y un impulso hacia la equidad racial que parecía imparable. Este contexto de creciente conciencia social intensificó la presión sobre las instituciones para que adoptaran medidas concretas.

En respuesta a esta creciente demanda, la Fundación Ford lanzó el programa de financiamiento America's Cultural Treasures (ACT). Esta iniciativa de dos partes, tanto nacional como regional, buscaba reconocer la diversidad de la expresión artística y proporcionar fondos críticos a organizaciones que, a pesar de contar con recursos limitados, habían contribuido significativamente a la cultura.

A nivel regional, la iniciativa de Ford logró involucrar a más de 40 financiadores y filántropos, distribuyendo más de 276 millones de dólares. Cada una de las nueve regiones participantes tuvo la libertad de diseñar su propio enfoque, lo que permitió que las fundaciones locales tomaran decisiones sobre el alcance, los beneficiarios y la estructura del programa.

Este notable cambio en la financiación de las artes plantea una pregunta crucial para el sector filantrópico: ¿por qué tuvo que surgir una crisis para impulsar una inversión intencionada, y cómo se puede mantener este impulso frente a nuevos desafíos políticos y económicos? La respuesta a esta interrogante podría definir el futuro de la inversión en comunidades artísticas diversas y en riesgo, planteando la necesidad de un compromiso continuo y reformado que trascienda las circunstancias adversas.

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Datos basados en información reportada originalmente por culturaldata.org.

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