En el corazón de Miguel Alemán, Sonora, existe una iniciativa que busca fomentar la esperanza y el aprendizaje entre los migrantes. Magda Rivera Carrillo, una apasionada promotora cultural, recorre semanalmente las franjas agrícolas de este pueblo cargando en su automóvil un tesoro de libros, ilustraciones y un peculiar butai de madera. Su compromiso se manifiesta a través de lecturas y el arte del kamishibai, que en japonés significa "teatro de papel".
Cada semana, Magda viaja 40 kilómetros desde Hermosillo, llevando entretenimiento y educación a los hijos de los jornaleros agrícolas. Bajo la sombra de un árbol, aguardan niños y adultos por la llegada de las historias, que se inician con la tradicional fórmula japonesa mukashi mukashi, que evoca la imaginación y permite abrir las puertas a un sinfín de relatos, desde leyendas japonesas hasta historias de la experiencia migrante.
El butai, una pequeña caja de madera que despliega una narrativa visual, se convierte en el vehículo ideal para contar historias. Los personajes cobran vida a través de ilustraciones, entreteniendo a un público que, a menudo, carece de acceso a bibliotecas. Esta actividad no solo entretiene, sino que también nutre la conexión con sus raíces culturales. Magda enfatiza que muchos migrantes cargan una "maleta cultural", y a través de los cuentos pueden navegar sus historias personales y reconocer su realidad compartida.
Con más de dos décadas de experiencia, Magda ha tocado las vidas de múltiples comunidades vulnerables. Al abordar su labor, se enfoca en fomentar la expresión a través de la lectura y la escritura. Ella sostiene que “no se puede hablar de desarrollo personal sin lenguaje”, subrayando la importancia de que los niños expresen y comprendan sus emociones en un contexto a menudo lleno de adversidades.
Los libros son seleccionados por los niños, que prefieren cuentos de misterio y terror, mientras que títulos como La rumorosa y otros cuentos y el relato zapoteco El conejo y el coyote se encuentran entre sus favoritos. Además, Magda no solo actúa como mediadora de lectura; también es gestora cultural y ha impulsado festivales y talleres comunitarios en colaboración con instituciones y colectivos locales.
Su labor va más allá de la mera educación; prescribe que donde haya espacio para la oralidad, las lenguas y las culturas permanecerán vivas. En muchas ocasiones, las familias migrantes ocultan su lengua por miedo a la discriminación. Magda considera esencial recuperar y compartir relatos, mitos y narraciones familiares, que son las raíces culturales que pueden florecer en nuevos entornos.
En un contexto nacional marcado por el desarraigo y la incertidumbre de la movilidad humana, el trabajo de Magda Rivera se erige como un puente entre las comunidades migrantes y su memoria cultural. Cada cuento narrado y cada ilustración creada son acciones que desafían al olvido, gritando al mundo que los migrantes tienen historias y voces que resonar. En ese espacio, bajo el butai, la esperanza renace, comenzando cada relato con un mukashi, mukashi….
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