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El G-7 de Cornualles simboliza un profundo cambio de marea en Occidente. La cumbre es la imagen del reencuentro de las democracias atlánticas tras el desgarro de la etapa Trump.. El tiempo revelará su capacidad de alcance real. Quedan fricciones importantes —como entre la UE y el Reino Unido—, la definición de endiablados detalles para avanzar en iniciativas en las que hay teórico acuerdo, el reto de ejecutarlas y, por supuesto, discrepancias de visión en ciertas materias. Pero todo ello no puede ocultar una creciente alineación de las grandes democracias alrededor de varias ideas que tienen el potencial de traducirse en un importante y bienvenido factor de cambio.


