El reciente acuerdo entre las autoridades de Siria y Rusia marca un hito en la redefinición de la presencia militar rusa en el país tras la caída del régimen de Bashar al Assad en diciembre de 2024. Firmado el 9 de agosto de 2026, este memorando de entendimiento garantiza que Moscú podrá mantener sus bases estratégicas en Hmeimim y Tartús, ubicadas en la costa del Mediterráneo sirio, después de un intenso proceso de negociaciones que se prolongó por dieciocho meses.
Desde el Ministerio de Exteriores sirio, se ha indicado que el acuerdo establece un plan para reorganizar la presencia militar rusa en la región. Como parte de este proceso, Damasco asumirá la gestión de las instalaciones civiles, incluido el aeropuerto de Hmeimim y el cuarto muelle comercial del puerto de Tartús. Este cambio busca reintegrar gradualmente estas instalaciones en la administración civil nacional, un movimiento que podría simbolizar un nuevo enfoque en la relación entre ambos países.
El documento destaca que las bases militares se transformarán en “centros conjuntos de entrenamiento y rehabilitación” en un periodo de tres meses. Este ajuste no solo finaliza un tiempo de intensas discusiones entre las nuevas autoridades sirias y el gobierno de Vladimir Putin, quien ha sido un aliado clave para el régimen de Al Assad desde que comenzó su intervención en 2015, sino que también subraya la importancia de estos sitios para la proyección de poder ruso en el Mediterráneo oriental.
Históricamente, la guerra civil siria, que se extendió a lo largo de más de una década, recibió un considerable respaldo de Rusia, consolidando la influencia del Kremlin a través de las bases de Hmeimim, construida en 2015, y Tartús, que ha estado operativa desde la década de 1970 por un acuerdo establecido en tiempos de la Unión Soviética. Con la caída de Al Assad en 2024, el equilibrio de poder cambió drásticamente, lo que propició un complejo proceso de renegociación sobre el estatus de las relaciones militares y diplomáticas.
Conforme avanza la implementación de este acuerdo, Hmeimim y Tartús se convierten en los únicos centros oficiales que Rusia mantiene bajo su control fuera del antiguo espacio soviético. Según la agencia de noticias estatal siria, estas instalaciones se convertirán en centros de formación y capacitación, en un contexto que busca preservar los intereses mutuos de ambas naciones.
El traspaso gradual de las instalaciones civiles a la administración siria ha comenzado ya; el presidente de la Autoridad General de Aviación Civil y Transporte Aéreo sirio, Omar Hosari, ha confirmado que el gobierno sirio ha recuperado el control del Aeropuerto Internacional de Latakia, colindante con Hmeimim. Este avance es visto como un paso significativo hacia la recuperación y modernización del sistema de aviación civil en Siria.
A pesar de estos cambios, Damasco sigue exigiendo la extradición del exdictador Al Assad, quien se encuentra refugiado en Moscú. La situación refleja la ambivalencia de las relaciones entre Siria y Rusia, especialmente bajo la nueva presidencia de Ahmed al-Sharaa, quien ha sido recibido por Putin en varias ocasiones desde su ascenso al poder.
Mientras tanto, las bases de Hmeimim y Tartús continúan operativas como lugares clave para la influencia rusa en la región. La reciente firma del acuerdo representa no solo un nuevo capítulo en la relación bilateral, sino también una oportunidad para redefinir la proyección rusa en el contexto de la continua transición política en Siria. En este marco, la cooperación técnica y el entrenamiento conjunto cobran especial relevancia, insinuando un futuro en el que ambas naciones podrían trabajar más estrechamente en aras de sus intereses estratégicos en el Mediterráneo oriental.
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