No existe un manual que oriente a los ciudadanos en su intento de escapar de los dictadores. Las urnas devuelven la esperanza en procesos democráticos, mientras que los autócratas, a menudo, sumergen a sus naciones en conflictos y represión. En este contexto, los demócratas valoran y respetan a sus opositores; en contraste, los dictadores optan por la represión y la violencia, incluso hasta la muerte.
Nicolás Maduro, designado como sucesor de Hugo Chávez, ascendió al poder sin un respaldo político tradicional. Su mandato, perpetuado bajo la influencia de Fidel Castro, ha resultado en el estrangulamiento del futuro de millones de venezolanos. Desde 2015, dos generaciones han estado bajo el yugo de la dictadura, pero un significativo 33% de la población ha decidido buscar liberty fuera del país.
Un informe elaborado en 2019 por Michelle Bachelet, entonces Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, destacó cómo la administración de Maduro ha socavado el sistema constitucional y facilitado violaciones de derechos humanos alarmantes. A seis años de esa evaluación, la situación permanece en deterioro. En una reciente contienda electoral, Maduro enfrentó derrotas frente a la oposición liderada por María Corina Machado: fue superado en los votos en un proceso en el que una mayoría significativa de los electores se pronunció en contra de su régimen.
Se dice que si América Latina hubiese aplicado un cerco efectivo contra Maduro, este no continuaría en el poder. Sin embargo, líderes como AMLO y ahora Sheinbaum han manifestado su apoyo al dictador, eludiendo críticas a su administración. Este apoyo se ilustró con la controversial declaración de la presidenta mexicana sobre la “libre determinación de los pueblos”.
El dilema surge al cuestionarse qué significa realmente la determinación expresada por esa mayoría de venezolanos que votaron. Lamentablemente, la conducta de algunos presidentes, que parecen haber actuado como cómplices ante la dictadura, resalta el desafío de mantener un compromiso auténtico con la democracia en la región. Tras las elecciones, la respuesta del gobierno mexicano fue tibia, dando pie a un silencio que puede interpretarse como complicidad.
Entre los más notables violadores de derechos humanos de la dictadura de Maduro se encuentra Jorge Rodríguez, quien ha recibido un recibimiento en las instancias diplomáticas de México. Este episodio se ha considerado uno de los más oscuros del mandato actual en México.
La historia nos deja preguntas sobre el futuro de las dictaduras. En este caso, Maduro tiene la respuesta, y el tiempo lo dirá.
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