Masahiro Morioka plantea un modelo fenomenológico que compara el sentido vital con recorrer una montaña y responde a los momentos de crisis con una mirada interior.
El filósofo japonés Masahiro Morioka ha desarrollado una nueva teoría sobre el sentido de la vida, centrada en cómo las personas experimentan emocionalmente su existencia, en lugar de buscar respuestas abstractas o universales. Su propuesta, publicada en la revista Philosophia, parte de la fenomenología y plantea que el sentido no se encuentra, sino que se vive desde dentro.
La teoría surge como respuesta a las preguntas que emergen en momentos de crisis personal, como una pérdida, una enfermedad o el vacío existencial. Según Morioka, estas situaciones no solo son psicológicas, sino oportunidades para dialogar con uno mismo. Las llama “solicitaciones vitales”, es decir, llamados internos que nos invitan a reflexionar sobre el valor de seguir viviendo.
En lugar de abordar la vida como un problema filosófico externo, Morioka propone entenderla como una experiencia encarnada. Es decir, no se trata de pensar en el sentido, sino de vivirlo a través de nuestras emociones, decisiones y acciones cotidianas.
Tres formas de “llamado” existencial
El estudio identifica tres tipos de solicitación vital: el deseo de rendirse o sobrevivir, la necesidad de mejorar la calidad de vida y la búsqueda directa de sentido. En todos los casos, el individuo se ve empujado a actuar, pensar o sentir, lo que transforma su forma de vivir el presente.
La vida como entorno que ofrece posibilidades
Para comprender esta interacción entre sujeto y experiencia, Morioka adapta el concepto psicológico de affordance —lo que el entorno permite hacer— a la vida misma. Así surge la noción de “life affordance”: cada situación vital ofrece ciertas posibilidades (amar, cambiar, resistir) y limita otras. El sentido surge, entonces, de cómo respondemos a esas oportunidades, más allá de su cantidad o calidad.
Actuar es entender
Otro elemento central es la idea de “enacción”, tomada de la neurociencia. Según esta visión, no entendemos la vida desde afuera, sino desde nuestras acciones. Percibir el mundo implica actuar sobre él. Así, cada decisión, incluso respirar un día más, es una forma de construir sentido.
La forma en que enfrentamos el sufrimiento o la incertidumbre —ya sea con esperanza, resignación o curiosidad— define el tipo de sentido que vivimos. No hay respuestas definitivas, sino experiencias que dan forma al significado.
Un mapa subjetivo del sentido
Finalmente, Morioka propone un “modelo geográfico” del sentido de la vida. Lo compara con estar en la cima de una montaña y observar paisajes emocionales diferentes según la dirección que tomamos: gratitud, tristeza, miedo, esperanza. Cada uno ofrece una visión distinta de nuestra existencia, todas parciales pero válidas.
En este mapa interior, hay zonas oscuras y momentos luminosos. El valor de vivir no está solo en lo que vemos ahora, sino en saber que existen otros posibles caminos.
Una brújula para tiempos difíciles
Más que ofrecer respuestas, esta propuesta filosófica busca ser una herramienta útil para quienes atraviesan sufrimiento, duelo o depresión. Sugiere que incluso pequeños gestos —aceptar ayuda, expresar una emoción, tomar una decisión— pueden abrir un nuevo paisaje de sentido.
Para Morioka, el sentido de la vida no es una meta fija, sino una forma de caminar: una experiencia continua de responder a lo que la vida nos pide.
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