La crioterapia ha ganado popularidad en los últimos años, especialmente entre los atletas, gracias a sus múltiples beneficios en la recuperación muscular, el insomnio, la ansiedad y la inflamación. Este tratamiento de exposición controlada al frío no solo ayuda a reducir el riesgo de lesiones y daños en los músculos, sino que también alivia los dolores y mejora la salud mental. Según el neurocientífico Dr. Andrew Huberman, las bajas temperaturas pueden modificar el estado neuroquímico del cuerpo, lo que hace que otras actividades sean más eficaces.
Entre los beneficios que aporta la crioterapia se encuentran el aumento de energía, claridad mental y una significativo incremento en los niveles de endorfinas, que contribuyen a un mejor estado de ánimo. Esta práctica se ha vuelto especialmente relevante en el contexto del regreso a los gimnasios y actividades de entrenamiento en 2025, abriendo un abanico de posibilidades para quienes buscan opciones efectivas en sus rutinas de bienestar.
Soumaya Romero, co-fundadora de Mindform en la Ciudad de México, afirma que la crioterapia es un componente clave en su enfoque de bienestar integral. En el centro se combina este tratamiento con pilates lagree y sauna japonés, creando una experiencia de bienestar completa. “La actividad física consciente y la recuperación van de la mano”, sostiene Romero, resaltando la importancia de integrar prácticas que fomenten tanto la actividad física como la recuperación efectiva.
En cuanto al funcionamiento de la crioterapia, se basa en la refrigeración controlada de los músculos, lo que contribuye a minimizar microlesiones provocadas por el ejercicio. Este proceso reduce la inflamación y mejora la circulación sanguínea, facilitando así la recuperación muscular tras un entrenamiento intenso. Al actuar como un “reset” para el cuerpo, acelera la eliminación del ácido láctico—la sustancia que causa dolor y rigidez después de hacer ejercicio.
Para obtener los mejores resultados, es necesario ingresar a la cabina de crioterapia entre 3 y 5 minutos tras realizar actividad física. Para quienes no están acostumbrados al frío extremo, es recomendable comenzar con sesiones más cortas, ya que la sensación puede ser intensa. La experiencia puede ser amenizada con música y la supervisión de un experto, lo cual ayuda a hacer la práctica más accesible.
Sin embargo, es crucial ser conscientes de los posibles efectos secundarios, como enrojecimiento de la piel y sensación de cosquilleo o adormecimiento, que suelen desaparecer rápidamente. Existen ciertas contraindicaciones importantes, por lo que no se recomienda su uso en personas con enfermedades graves no controladas, problemas neurológicos o cardíacos, entre otros.
Se aconseja realizar sesiones de crioterapia entre 3 y 5 veces a la semana, y para quienes entrenan de manera intensa o compiten, es posible hacer uso diario de este tratamiento, siempre y cuando no existan restricciones médicas.
En conclusión, la crioterapia emerge como una herramienta valiosa en el arsenal de opciones de bienestar para quienes buscan maximizar su rendimiento y recuperación física. Esta terapia, junto con métodos de ejercicio consciente, se presenta como una respuesta efectiva en un mundo donde el cuidado y la salud son cada vez más priorizados.
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